Otra vez tenemos nuestros puestos a la par el “Sucio” Larry y yo, esta vez en el motoencuentro de “Los Tehuelches” de Chivilcoy. Él tiene un competidor. Otro tatuador ubicado enfrente, con su cartel que detalla: “El Hombre Ilustrado-control sanitario, instrumental esterilizado, joyería corporal, materiales descartables”, en letras fileteadas sobre bastidor de chapa, luce más confiable que mi vecino y su tela percudida con letras desprolijamente pintadas en aerosol negro que señalan simplemente: “Sucio Larry’s Tattoo”.
Para matar el aburrimiento, Larry me explica ciertas internas entre los motoqueros. Así me desayuno sobre la verdadera guerra de poderes desatada por los temibles Hell's Angels, famosos mundialmente desde que mataron a dos fans de los Rolling Stones, cuando se suponía debían cuidar el orden en un recital en Holanda.
Los “Hells” argentinos están apretando líderes de otras agrupaciones de motoqueros para cobrar por los encuentros, aunque el objetivo solapado es dirigir monopólicamente la venta de droga.
-Por eso me hice amigo de los “Tehuelches”- me explica Larry con aires triunfales, rematando con sus risotadas que sobresaltan- Porque estos se la bancan en serio. Están todos enfierrados. La mitad son policías, así que manejan armas con permiso. Es más, en la entrada del encuentro, hay dos camionetas llenas de fierros por si llegan a aparecer los “Hells”-.
Hacía un rato, yo estaba fastidiado por un tajito que se me había hecho en el vaquero, a la altura de la rodilla. Pero frente a mí, el “Sucio” Larry luce en su pantalón ocho gigantes ventanas deshilachadas abiertas a tijeretazo, que dejan apreciar los tatuajes de sus piernas regordetas.
Además, toda esta historia de mafias, armas y drogas tan próxima me está incomodando peor.
- Pero ¿vos que tenés que ver con eso?- le pregunto.
- Y... yo hago contactos, sé quien tiene lo que algunos necesitan... “tizas”, una “cuarta”... ¡De puro favor! ¡Ojo! No me quedo con nada. Bueno. A veces algo para consumo propio, o apenas algún vueltito. Y soy amigo de todos. Pero más de los caciques. Me adoran”- Otra vez vomita su carcajada.
Ahí está el “Sucio” Larry en la plenitud de su idiosincrasia de “busca” ventajero. Ese es el “Sucio” que conozco.
Ahora lo llaman desde su propia carpa, atrás nuestro. Él acude. Se escuchan voces de tres o cuatro personas. Risas. Tonos confesionales. Y sale un motoquero caminando extrañamente, sin flexionar las rodillas. La espalda dura, el cuello apretado hacia abajo por la cabeza. Los brazos se balancean sin flexionarse, también duros y rectos. Sus ojos bien abiertos no pestañean. En resumen: “durísimo”.
También sale Larry, frotándose las manos- “¡Já! ¡Mi carpa es el “VIP” de los motoencuentros!- me dice orgulloso.
Ahora noto que tiene una carpa iglú nueva, redonda y amplia, poco práctica si se supone que debe cargarla al hombro, y demasiado onerosa para lo que gana haciendo tatuajes. Pero tiene su razón de ser.
-¿Viste la circulación que hay? ¿Cuántos que entran y salen?
-No- le aclaro con sinceridad- Ni me di cuenta.
-¡Claro, paspau! Fijate. Adentro se arma la ronda. En el centro de mi carpa siempre hay un banquito con una bandejita que sirve de “espejo”, canutos, un “picachu”... ¡Es el VIP! ¡¿No te digo?!-
Nunca dejó el “Sucio” Larry de emitir sus estruendosas carcajadas, pero mirando por sobre mi hombro, al instante se pone serio, abre los ojos y los mofletes se le inflan.
El patrullero de la bonaerense que lo alertó tanto, se estaciona junto a nosotros. Uno de los policías, el conductor, permanece al volante. El otro cruza hacia la carpa saludando:
- Hola, Larry.
- Estás al horno, Larry- le digo por lo bajo.
- Me parece que ese cana es también un motoquero de los “Tehuelches”, pero venirse así, con patrullero, chofer y todo,…medio raro...- me dice.
Larry tiene sus dudas, y permanece tenso hasta que se escucha la voz del policía quejándose adentro de la carpa:
- ¡Che, boludos, pásenme otro canuto! ¡Éste está retapado!-
Larry, dándome un codazo, explota en otra carcajada.