29 marzo 2010

Poesía pura de pequeños perversos polimorfos

(Dedicado a Va.G.)


Mateo, 5 años

- ¡Profe! ¡Quiero hacer un barbujero!

- ¿Y para qué es el barbujero? ¿Para hacer barbas?- Le contesto a propósito, para ver si Mateo se corrige relacionando palabras.

- No Profe. El barbujero es para hacer borbujas.

Ana, 5 años

- ¿Y qué puedo hacer en escultura?

-Podés hacer un montón de cosas. Un animal, una persona haciendo algo, un robot...

-No entiendo.

-Bueno, quiero decir un perrito, un gatito, una nenita, un pajarito, una casita, un caballito,...

Al rato le pregunto:

- ¿Y Anita? ¿Al final qué estás haciendo?

- Estoy haciendo “la noche”.

Sofía, 6 años

-Acá tenés la madera que necesitabas. ¡Lijala!

Y la hermanita mayor, con tono de protectora contesta:

- Así no se llama. Te equivocaste Profe. Se llama Clarita.

Tomás, 7 años y Belén, 4 años

Tomás:-¡Profe! ¡Ahí quedó un pedazo de fuego!

Belén:- Los que largan fuego son los tragones.

Nacho, 4 años

-¿No te acordás Agustín cuando te lastimaste el año que viene?

Juan, 9 años

-Chicos ¿Nadie sabe cuáles son los signos de puntuación?

Juan se apura a contestar – ¡Sí! ¡Por ejemplo, los hoteles 5 estrellas!

Ignacio, 4 años

-Les vamos a contar el cuento del Gato Pato. ¿Lo conocen?

-Profe. Yo tenía un “pez pájaro”. Lo había pescado mi tío. Y estaba en una pecera grande como un edificio. Entonces fue subiendo y se salió. Se escapó caminando con sus patas de araña.