Poesía pura de pequeños perversos polimorfos
Mateo, 5 años
- ¡Profe! ¡Quiero hacer un barbujero!
- ¿Y para qué es el barbujero? ¿Para hacer barbas?- Le contesto a propósito, para ver si Mateo se corrige relacionando palabras.
- No Profe. El barbujero es para hacer borbujas.
Ana, 5 años
- ¿Y qué puedo hacer en escultura?
-Podés hacer un montón de cosas. Un animal, una persona haciendo algo, un robot...
-No entiendo.
-Bueno, quiero decir un perrito, un gatito, una nenita, un pajarito, una casita, un caballito,...
Al rato le pregunto:
- ¿Y Anita? ¿Al final qué estás haciendo?
- Estoy haciendo “la noche”.
Sofía, 6 años
-Acá tenés la madera que necesitabas. ¡Lijala!
Y la hermanita mayor, con tono de protectora contesta:
- Así no se llama. Te equivocaste Profe. Se llama Clarita.
Tomás, 7 años y Belén, 4 años
Tomás:-¡Profe! ¡Ahí quedó un pedazo de fuego!
Belén:- Los que largan fuego son los tragones.
Nacho, 4 años
-¿No te acordás Agustín cuando te lastimaste el año que viene?
Juan, 9 años
-Chicos ¿Nadie sabe cuáles son los signos de puntuación?
Juan se apura a contestar – ¡Sí! ¡Por ejemplo, los hoteles 5 estrellas!
Ignacio, 4 años
-Les vamos a contar el cuento del Gato Pato. ¿Lo conocen?
-Profe. Yo tenía un “pez pájaro”. Lo había pescado mi tío. Y estaba en una pecera grande como un edificio. Entonces fue subiendo y se salió. Se escapó caminando con sus patas de araña.
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