Fiorella
Tenuemente sujetas a sus brazos, largas y livianas telas doradas se agitan en suaves ondulaciones al seguir sus movimientos. Esto agrega belleza a la rutina erótica, de por sí plagada de encantadores movimientos.
Luego de algunas gimnásticas y armoniosas subidas al caño, la malla ajustada, también dorada, por fin es abandonada sobre el escenario.
La música, las luces, los movimientos de Fiorella, todo es delicado. Demasiado para el ambiente. Muy extraño. Tanto como para lograr un público contemplativo silencioso y maravillado. Apenas un imbécil gesticula: “¡Sacate todo, Perra!”, enfrentando miradas desaprobatorias.
En otros motoencuentros, el tradicional strip-tease provoca un descontrol patético de cientos de hombres babosos y gritones, tratando de obtener con sus celulares la foto precisa de un pubis o un culo en primer plano.
Sólo Fiorella puede lograr el milagro mientras afuera de este enorme y viejo galpón de la Sociedad Rural de Laboulaye, cae una helada histórica.
Yo también observo silencioso hasta que alguien me da una patada en el trasero:
- ¿Y? ¿Qué te parece la stripper que trajimos? ¡Qué hermoso culo! ¿No?- Es el Pela, uno de los motoqueros organizadores.
- ¡Qué buen show!- le digo -¡...Raro, muy artístico!
Hace una pausa observándome dubitativo, descolocado, antes de remarcar
- ¡Sí, un culo impresionante!
Más tarde, Fiorella deambula próxima a mi puesto de prendas de cuero. El Pela reaparece y me presenta dándole un codazo cómplice:
- Mirá, Fiorella. Este es el “Rosarino”. Es Profesor. Te puede enseñar un montón de cosas.
- Soy Profesor de Arte- me apuro a aclarar como un idiota -Ella se entusiasma
- ¡Ah! ¡A mí me gusta pintar con acuarela! ¡Y a veces uso “ceritas”! - Ella es tan grácil. De piel blanquísima, ojos azules y pelo rubio platinado. Una colegiala que exuda erotismo. Alcanzo a balbucear:
- Me gustó tu coreografía. Muy artística. Distinta...
Otra vez atormenta mis oídos, o pensamientos, con su voz de niña ingenua:
- ¡Ay, muchas gracias! Y eso que no pude hacer todos los movimientos. No podía sujetarme bien al caño. Hacía mucho frío y el caño estaba helado. No se alcanza a calentar nunca y yo no transpiraba. Está bueno transpirar un poco entre las piernas para tener mejor agarre al caño...
- Claaaaaro... ¡Ajá!..
Luego de algunas gimnásticas y armoniosas subidas al caño, la malla ajustada, también dorada, por fin es abandonada sobre el escenario.
La música, las luces, los movimientos de Fiorella, todo es delicado. Demasiado para el ambiente. Muy extraño. Tanto como para lograr un público contemplativo silencioso y maravillado. Apenas un imbécil gesticula: “¡Sacate todo, Perra!”, enfrentando miradas desaprobatorias.
En otros motoencuentros, el tradicional strip-tease provoca un descontrol patético de cientos de hombres babosos y gritones, tratando de obtener con sus celulares la foto precisa de un pubis o un culo en primer plano.
Sólo Fiorella puede lograr el milagro mientras afuera de este enorme y viejo galpón de la Sociedad Rural de Laboulaye, cae una helada histórica.
Yo también observo silencioso hasta que alguien me da una patada en el trasero:
- ¿Y? ¿Qué te parece la stripper que trajimos? ¡Qué hermoso culo! ¿No?- Es el Pela, uno de los motoqueros organizadores.
- ¡Qué buen show!- le digo -¡...Raro, muy artístico!
Hace una pausa observándome dubitativo, descolocado, antes de remarcar
- ¡Sí, un culo impresionante!
Más tarde, Fiorella deambula próxima a mi puesto de prendas de cuero. El Pela reaparece y me presenta dándole un codazo cómplice:
- Mirá, Fiorella. Este es el “Rosarino”. Es Profesor. Te puede enseñar un montón de cosas.
- Soy Profesor de Arte- me apuro a aclarar como un idiota -Ella se entusiasma
- ¡Ah! ¡A mí me gusta pintar con acuarela! ¡Y a veces uso “ceritas”! - Ella es tan grácil. De piel blanquísima, ojos azules y pelo rubio platinado. Una colegiala que exuda erotismo. Alcanzo a balbucear:
- Me gustó tu coreografía. Muy artística. Distinta...
Otra vez atormenta mis oídos, o pensamientos, con su voz de niña ingenua:
- ¡Ay, muchas gracias! Y eso que no pude hacer todos los movimientos. No podía sujetarme bien al caño. Hacía mucho frío y el caño estaba helado. No se alcanza a calentar nunca y yo no transpiraba. Está bueno transpirar un poco entre las piernas para tener mejor agarre al caño...
- Claaaaaro... ¡Ajá!..
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