05 marzo 2007

Gral. Fotheringham


   En la provincia de Córdoba, nombres como Inriville, Morrison, Bell Ville, James Craik, resuenan su ampulosidad inglesa contra otros más modestos y pronunciables, Tío Pujio, Sampacho, Ucacha, Tancacha, Paravachasca…

   Entre los primeros, un pomposo Gral. Fotheringham, sin embargo y siendo generoso, no pasa de un chato villorrio de 20 manzanas.

   En los cuatro o cinco carteles viales que anuncian su proximidad sobre la ruta provincial Nº6, no hay acuerdo en la redacción de su nombre. Aparece con una hache, o dos, o ninguna. Peor definición y certeza existe sobre su pronunciación: obviando el rango militar en todos los casos, Foterigán, Foterimgán, y hasta Fotrigá sirven para enunciarlo según los habitantes de pueblos vecinos.

   Tal desidia y desinterés sobre su existencia no es muy contrarrestada por su conformación. De calles en cuadrilla perfecta y arboleda a media altura, diríase que es un pueblo joven, trazado con entusiasta planificación. Pero esos detalles no hacen más que agregarle previsibilidad y hastío a estas veinte manzanas.

   Peor aún, ficus iguales, plantados prolijamente cada cinco metros, sobresalen y se destacan en cada vereda por el simple hecho que no hay más nada. Tan sólo esa abominable y obsesiva equidistancia. Rodean entonces cada manzana 80 ficus, y lógicamente 20 contra 20 se enfrentan en cada cuadra. Algunas manzanas no tienen edificación o ésta es escasa, haciendo más visible aún el aburrido perímetro siempre cuadrado de 80 ficus.

   Pero la sensación de ahogo y opresión se corona por la visión de la copa de cada arbolito, podada en forma de cubo perfecto de 2m por 2m por cara.

   Me compadezco de estos habitantes soportando el diario convivir en apenas veinte manzanas. Mas duro aún al darle el pecho cada jornada a esa cuadrilla de tierra, donde siempre hay dos calles que se cruzan en cuatro esquinas que las demarcan. Y qué decir de tener que cobijarse en la cuadrada sombra de follajes cúbicos indistintos de 2m por 2m. por cara, distanciados a 5 m. para donde uno camine.

   Pero alguien es feliz en Gral. Fotheringham.

   Todas las mañanas, un señor muñido de escalera y tijeras de podar, recorre bien dispuesto la cuadrilla de calles de tierra, decidido a controlar el menor atisbo de irregularidad en la cuadratura de las copas de los ficus de las veinte manzanas.

   Alineándose bajo cada árbol con un ojo abierto y el otro cerrado, para unificar el ángulo de visión, descubre y elimina cualquier ramita rebelde o aquella hojita inconveniente y mal habida, que pretende subvertir el cubo verde escapando a su perfecta geometría.

   Este hombrecito en definitiva, y muy a pesar del resto de los habitantes, es el único que encuentra un sentido mágico a su vida en este pueblo de veinte manzanas, de calles demarcadas en cuadrados, odeados cada uno por 80 árboles de la misma especie, distanciados entre sí cada 5 metros, y de copas podadas en cubo de dos metros por dos metros en cada lado.