20 junio 2012

Mentes de enanos nos acechan




Mentes de enanos nos acechan



Nico, 7 años. Martina, 7 años

Martina:-Acá en el taller de arte no es como en lo de la psicóloga, que uno puede jugar.

Nico:-¿Qué? La psicóloga es para hablar. No podés jugar.

Martina:-Si. Y además yo juego con el perro. Tiene un bóxer.

Nico:-Ah, en mi casa tengo un boxeador.



Tomi, 6 años. Fede, 9 años

Profe:- Chicos, les voy a mostrar todo el equipo que se usa para correr en bicicleta.

Tomi:-Mi papá también es “bicicletista”.

Profe:- ¿Y saben qué cosas lleva un ciclista de cross?

Fede:-Sí, comida desintegrada.



Benjamín, 6 años

Benjamín:- Profe, hoy tengo fútbol.

Profe:- Pero el día está lluvioso, ¿Es techada la cancha?

Benjamín:-No. Tiene techo.



Josefina, 3 años. Augusto, 5 años. Anita, 6 años

Josefina:-Profe. A mí me gusta el color voleta. Me da el voleta?

Profe:-Se dice violeta. Boleta es lo que uno tiene que pagar.

Josefina:-Yo quiero el voleta. Quiero pintar con el voleta.

Anita, con enojo:-¡Se dice violeta!

Augusto, conciliador:-Voleta es la palabra correcta de los que no pueden decir violeta.



Matías, 6 años

Profe:-A ver chicos: ¿qué se forma con el azul y el amarillo?

Matías:- ¡Se forma el escudo de Central!



Francisco, 3 años

Profe:-Chicos ¿a qué juegan en la plaza? ¿Qué se puede hacer en una plaza?

Francisco:-En la plaza había un tiburón gigante que le salía sangre de los dientes

Profe:-¿Vos estás seguro? ¿Cómo va a haber un tiburón en una plaza?

Francisco:-Bueno. Era un dibujo.



Simón, 5 años

Profe- Chicos ¿alguna vez vieron una jirafa?

Simón-Si, yo vi cuando pasé con el avión por África.



Muriel, 8 años

-Siempre que veo la línea blanca esa que dejan los aviones a chorro, pienso que es un tajo, la sangre del cielo.



Clara, 6 años

Profe- En esta muestra de arte, Nigro eligió a un escultor joven para exponer con él. ¿Saben porqué?

Clara:-Porque esculta bien?





Un amigo me comentó que siempre le estaban repitiendo a su hijo Juani, de 5 años, que cierre bien la canilla para no desperdiciar el agua. Así se sucedió esta charla, cuando toda la familia estaba mirando la impactante Garganta del Diablo desde abajo, una de las formaciones de las cataratas del Iguazú.

- ¿Viste Juani toda esa agua que cae?

Juani observaba el espectáculo de la masa de agua cayendo absolutamente conmovido.

-Si… ¿Y nunca la cierran?







Víctor Gómez

¡Atención!¡Pequeños gigantes demonios quieren romper la pared!

¡Atención! ¡Pequeños gigantes demonios quieren romper la pared!










Elena, 7 años

-¿Vió “Seño” las tazas que hicimos para regalo del Día del Padre? Mi Papá la usa para tomar cerveza.



Julia, 7 años

-No entiendo ¿Porqué dicen que el 17 de agosto se come mora?



Alejo, 5 años y el hermano, Matías, 9 años

Alejo- Sabe Profe, mi Papá gano un trofeo.

Profe- ¡Qué bien! ¿Y haciendo qué cosa?

Alejo- Creo que de limpiar el auto.

Matías- ¡Olimpíadas!

Alejo- Bueno, eso. Limpiadas.

Matías- ¡Olimpíadas! ¡Y jugando al fútbol!



Emmanuel, 7 años y el Papá

Papá- “Ema”, vas a tener que ir al otorrinolaringólogo.

“Ema”- ¿Qué es eso?

Papá- Es el doctor que te cura la garganta. ¡Ah! Y también vas a tener que ir a un médico que te revise los “huevitos”.

“Ema”- ¡¿Qué?! ¿También hay un médico “parteintimólogo”?



Emmanuel, 7 años, Santiago, 7 años, el Papá y la Mamá de Emmanuel

Papá- Vamos chicos, suban al auto que vamos a casa.

Emmanuel- ¿Qué? ¿Vas a manejar vos Pá, y Mamá va a ir al lado?

Papá- Si.

Emmanuel- Vení Santi, sentate atrás conmigo, que empieza una “comedia”.









Víctor Gómez

05 junio 2012

De creencias y afectos- Yo lo vi,...- V

De creencias y afectos


Yo lo vi, no me lo contaron V

En el tramo que va de Alpasinche a Aimogasta, por la ruta nacional 60, paisajes continuos que apabullan, uno tras otro, no evitan que uno se inquiete ante un sorpresivo santuario :” Al Degolladito”.

Aunque el derredor se torna potente y magnífico, y siempre hay cierto miedito cuando uno frena el vehículo en esos parajes, la curiosidad puede más.

Tratamos de interiorizarnos sobre este milagrero periférico a la Iglesia Católica, como tantos por la región. Pero de las ofrendas o leyendas no podemos discernir nada. Me llama la atención una estatuita carbonizada que se destaca entre las velas usadas y las chapitas doradas con diversas formas en miniatura, piernas, ojos, intestinos, úteros, pulmones, que fueron dejando anónimos devotos según su súplica o necesidad. La levanto para ver si me da algún indicio. Es inútil.

El misterio de esta veneración tan local y desconocida, por suerte se resuelve enseguida. Otra pareja se detiene tras mi auto y descienden ambos, hombre y mujer con flores y botellas de agua.

-Parece que era un vendedor viajante- nos explica él- y lo asaltaron cuando pasaba por acá cerca, pero en la ruta vieja, antes de que hicieran ésta otra. Eso fue hace unos años. Y bué, parece que también lo degollaron…

-Pero es muy bueno para los milagros- lo interrumpe ella -Pídanle al “Degolladito” cualquier cosa que se las va a cumplir enseguida. Eso sí, no toquen nada, porque si no, dicen que no te deja salir de acá nunca más…

Recordando la estatuita quemada que yo había levantado, antes de encender el motor del auto, interiormente me resuena esta última amenaza. Incluso mi compañera me pregunta: -¿vos no tocaste nada, no?

Giro la llave de encendido media vuelta y resoplo de alivio al escuchar el sonido del motor.

La gente del Noroeste se da tiempo y espacio para recordar personajes de los más variados.

En Amaicha del Valle (Tucumán), una calle periférica lleva de nombre L. Shumacher. Si bien suena parecido no se trata del piloto de Fórmula 1 sino de un desconocido escultor alemán, Ludwig Shumacher. Al parecer, el homenaje fue una cortés devolución a este alemán que dejó a los lugareños una talla extraña y enorme de, según él, una virgen amortiguando su caída o tropezón merced a la mano oportuna e invisible del Señor, mas un pájaro que se eleva de sus entrañas.

El alemán, luego de concluir su talla y recibir los honores del pueblo, incluyendo el nombramiento de una calle, siguió su viaje por el mundo.

La talla dista mucho de las clásicas figuras destinadas al culto católico. No hay cruces, ni aureolas. Alguien dejó un Rosario de cuentas blancas de plástico en las manos de la virgen, siendo este el único indicio de pertenencia al catolicismo.

Ubicada en un espacio libre, un parque de algarrobos, con quinchos y bancos para descansar, la figura está dispuesta en una posición extremadamente diagonal, aérea, y con los brazos extendidos. Yo, mirando la escultura desde varios ángulos, no logro conectarme con la explicación caprichosa del escultor. Simplemente veo una mujer, virgen o no, atajando un penal.

En la entrada al Museo Arqueológico y Centro de Artesanos de Santa María (Catamarca), un busto de bronce reproduce un rostro narigudo y sonriente, de mirada perdida y soñadora y gorra policial. La placa reza su nombre: Huguito Rodríguez, así en diminutivo. También dice que fue declarado ciudadano ilustre

A la derecha del hall de entrada, una sala enorme lo envuelve a uno en un recorrido histórico de miles de años percibido a través de urnas, cuencos y cerámicas variadas, tejidos centenarios y algunos objetos de metal, oro, plata y bronce mas recientes, pertenecientes al invasor incaico.

-Esto no es nada- cuenta con orgullo el cuidador del museo, única persona en él, por lo que también hace los comentarios explicativos y cobra la entrada-Atrás, tenemos otra sala repleta de objetos, todos amontonados. Esto podría ser un flor de museo si nos dieran bola.

Al salir me reencuentro con el busto y mi intriga, así que vuelvo al escritorio del guarda para preguntarle por ese personaje.

- ¡Ah! Huguito era un muchacho que siempre quiso ser policía, pero era discapacitado. Tenía una deficiencia mental. La cuestión es que durante años, Huguito caminaba cada día los 10 km desde su casa, en el cerro, hasta la comisaría del pueblo. Ahí se ponía una gorra o le daban una, no sé, y hacía siempre la misma recorrida visitando y saludando a todos, los negocios, la gente, como una ronda ¿vió? vigilando que todo estuviera en orden.

-Pero lo declararon ciudadano ilustre, le hicieron una estatua, ¿fue por algo en especial? – insisto. Al mismo tiempo siento que me arrepiento de mi impertinente curiosidad de turista.

El guarda parece dudar, tal vez incómodo por tener que explicar algo que está macerado sólo en los corazones del pueblo, como en el suyo propio. Finalmente opta por elegir las palabras más sencillas y directas:

-Simplemente es que Huguito era una buena persona. Y lo queríamos todos.

Víctor Gómez



www.victorgomezarte.com.ar

www.totemca.blogspot.com

www.gomezdelivery.blogspot.com



En nuestra cordillera andina, cientos de ciudades, pueblos, villas y caseríos solitarios, subsisten plenos de gente que ama su lugar. La megaminería, lejos de ser la solución como pretenden presentarla los gobiernos corruptos y feudales de la región, terminará por ultimar estas poblaciones, al quitarles el agua, y contaminar sus campos. Esto ya se sabe en todo el mundo. Pero en nuestro país se intenta desinformar la verdad así como se han ocultado el uso de cianuro y los derrames accidentales de los diques de cola en San Juan y Bajo La Alumbrera.

No hay mejoramiento socioeconómico con la megaminería. Hay atraso, pauperización, acumulación de riquezas en pocas manos, saqueo de recursos por empresas extranjeras, devastación y contaminación de grandes territorios.

Esto ya pasó en Chile. Y está pasando en Andalgalá y Belén. Por eso reaccionó su pueblo. Y para evitarlo están reaccionando Famatina, Amaicha del Valle, Fuerte Quemado, Cafayate…no hay población del oeste cordillerano que no esté haciendo asambleas contra la megaminería.

Como dijo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz y Director del Servicio de Paz y Justicia: “Soberanía también es nuestra Cordillera de los Andes y los recursos que hay en ella”

El Martes 28 de febrero en el bar de La Toma a las 20 30, nos reunimos artistas, músicos, gente de teatro, y del arte en general para pensar acciones de difusión contra la megaminería.

Invitamos a que participes de la marcha del 1ª de marzo a las 19 hs. desde plaza Pringles hasta el Monumento con las consignas:

“Aplicación de las leyes “antiminería a cielo abierto”, y de protección de las reservas acuíferas”

“No a la represión de los manifestantes de los pueblos cordilleranos”

“Mantenimiento y profundización de economías sustentables”.

Víctor Gómez

Guardianes naturales- Yo lo vi...- IV

Guardianes naturales


Yo lo vi, no me lo contaron - IV



Una barrera nos sorprende en el corto camino entre Amaicha del Valle y una de sus atracciones paisajísticas, “La Cascada”.

Unos chicos de remeras rojas –tal vez entre los 16 y 20 años de edad-, nos explican que la “Comunidad Diaguita de Amaicha” custodia el lugar, guía y atiende a los turistas y cuida que éstos no se extravíen o accidenten. Sólo exigen una pequeña colaboración de cinco pesos por persona.

Mas adelante, ya estacionando siguiendo las indicaciones de otro par de chicos con el mismo uniforme, se divisa el desfiladero que se interna en la profunda quebrada, paralelo a un río transparente y correntoso. Un quincho de adobe y paja sirve de parada al que quiera sentarse, comprar tortas fritas y asadas y dulces caseros, o llenar el termo de agua caliente, atendido por más de estos jóvenes guardaparques. Sobre el quincho ondea el símbolo de los pueblos originarios, la “Wilpala”.

Al internarse uno por el desfiladero, ya se perciben los ecos y vibración de la cascada cercana. Los diseños más increíbles de líneas y contrastes recorren las enormes y verticales paredes de roca que parecen cerrarse por arriba. El sendero, a veces, obliga a cruzar el río. Éste, por partes es correntoso y delgado, por partes tiene remansos de suelo arenoso en tonos ocres que se hacen fosforescentes bajo el agua límpida.

Un cartel expresa claramente: “No haga inscripciones ni arruine lo que la naturaleza construyó en miles de años. Comunidad Diaguita de Amaicha”

Es tarde. Oscurece. Todo el mundo está regresando, incluidos varios pequeños guardianes guiando a los turistas rezagados.

El último par de chicos de remeras rojas lleva una escalera.

Al ver que estamos yendo en sentido contrario nos preguntan: “-¿van a “La Cascada”? Entonces los tenemos que acompañar.”-

Mientras nos ayudan a trepar y cruzar obstáculos en la garganta rocosa nos cuentan sus temores de que el proyecto de la Mina Agua Rica, a 40 km, se concrete.-“Eso va a afectar toda la zona, todos estos valles por donde vivimos, y éste río, el lugar que nos dió el gobierno en custodia…”

Una gran roca imposible de escalar interrumpe el desfiladero. Por sobre ella cae una correntada vertiginosa formando un arco. Los jóvenes colocan la escalera a un costado de la roca y la sostienen firmemente para que podamos ascender en ella y toparnos por fin con la maravillosa cascada, ahí, de frente, atravesada por múltiples arco iris merced a los últimos rayos de sol.

A la vuelta, como insertos en una enorme caja de resonancia, retumban por el cañadón de roca los chillidos, cantos y gorjeos de pájaros desconocidos que regresan a sus nidos.

Les pregunto a los chicos si todos los días llevan y traen la escalera desde “La Cascada”: “- Claro, señor- me contestan- sino tendríamos que instalar una escalera fija, de hierro, pero eso arruinaría el paisaje”.

Luego de despedirse cortésmente de nosotros, los jóvenes se unen a sus pares, bajo el quincho. Tal vez sea una treintena de chicos, todos con su orgulloso y sencillo uniforme de custodios, la remera roja, los que están sentados charlando plácidamente, entre bromas, empujones y sacando acordes de algunas guitarras. El día fue bueno. No hubo accidentes que lamentar, los turistas quedaron conformes, y ese lugar del que todavía no están forzados a emigrar, que eligieron sus antepasados y ellos mismos, sigue bello e intacto como hace siglos.

Las primeras estrellas apuran a un cielo que aún preserva cierta claridad, apenas como para que, sobre el quincho, se sigan distinguiendo los vivos colores de la “Wilpala”.



Víctor Gómez



www.victorgomezarte.com.ar

www.totemca.blogspot.com

www.gomezdelivery.blogspot.com





Infinidad de regiones, como parques nacionales o provinciales, reservas y monumentos naturales y arqueológicos, en todo el oeste argentino, están al cuidado comunitario de pueblos originarios. La figura de “guía cultural”, o persona originaria que además de mostrar el lugar, explica la cosmovisión en paralelo de los habitantes ancestrales, ha adquirido relevancia.

Estas experiencias, además de dar sustento a muchas poblaciones, se constituyen en valiosos aportes para la industria turística.

Así mismo, se está intentando promover los “Caminos del Inca”, cientos de kilómetros de altares, senderos, fortalezas, postas, insertos en toda la Precordillera desde el Norte argentino hasta Mendoza, como Patrimonio de la Humanidad.

Con estas posibilidades, sin mencionar la agricultura, o la vitivinicultura orgánica de altura (única en el mundo), ¿porqué obligar a estas poblaciones a tener que lidiar con la contaminación y destrucción de recursos, producidos por la megaminería a cielo abierto, y a que sus jóvenes sufran aumento de casos de cáncer de colon y huesos, como está sucediendo en Andalgalá?

Estos pueblos están diciendo “No” a la megaminería. ¿Por qué no se los escucha?



Para sumarte, aportar ideas, pensamientos, críticas y accionar relacionando arte con activismo social, podés comunicarte a artequearde@argentina.com



Víctor Gómez

Gustos son gustos- Yo lo vi... - III


Gustos son gustos



Yo lo vi, no me lo contaron- III



La única manera de mitigar a tanta tentación culinaria es sucumbiendo a ella. -Trataré de disfrutar de la elección y no consumir tanto- piensa uno intentando controlarse de antemano.

Pero el recorrido por las cuatro hileras de puestos artesanales dispuestos sobre la calle a un costado de la plaza central de Santa María (Catamarca), no puede tener otro final. Opto por unas “quesadillas”, especie de enormes alfajores de masa de colación rellenos de arrope de uva.

Otros manjares quedan en lista de espera: gaznates, rosquetes, empanadillas, pan dulce norteño, nueces confitadas, alfeñiques, todos sabores que incluyen masas caseras bañadas por coberturas de azúcar blanco o cacao, y arropes de uva, tuna, chañar, higo, algarroba, dulces de leche, cayote, membrillo, nueces. De los inevitables y exquisitos alfajores de miel de caña, ya cargamos como tres docenas durante el viaje, en el canasto y en nuestros estómagos.

Se vienen los mates en la plaza arbolada y faltaba algo dulce para acompañar la horma de queso de cabra y el pan casero trenzado combinando masa de harina blanca y de salvado.

Mi aspecto debe ser muy extraño porque el hombre que vende las quesadillas me pregunta:- ¿Vienen con los de “la Doma”? - Le aclaro que simplemente soy turista, entonces me cuenta que esa noche hay un festival de doma que clasifica a domadores para la Fiesta Mayor de Jesús María. Así me explico la presencia de todos esos tipos y jóvenes con bombachas de campo y enormes boinas de ala ancha caída elegantemente sobre un costado. Con un andar orgulloso de piernas chuecas, y muy erguidos, tal vez por semejantes fajas y rastras ajustadas a la cintura, se desplazan por los puestos artesanales, curiosos e inquietos como uno, viendo trabajar a tanto artesano de cestería simbol (mimbre del norte), o pedaleando enormes y rústicos telares.

Me dan ganas de quedarme en Santa María, para asistir a la doma y al recital de “Los Jarkas”, pero estamos acampando en Amaicha del Valle (Tucumán), a 20 km. Y todas las noches en Amaicha , la radio comunitaria expresa el clamor popular contra los proyectos de minería a cielo abierto y organiza recitales gratuitos en la plaza central. El programa se nutre noche a noche de músicos de la zona, con instrumentos autóctonos variados, y músicos de paso, mochileros, que se animaron a cruzar los valles calchaquíes con su violín, cello, flauta traversa, o simplemente una guitarra.

La concurrencia en Amaicha es enorme, turismo distinto, extranjeros profesores o licenciados de algo, o chicos argentinos de todos lados, inquietos, amantes y curiosos por su país, su gente y su cultura, y alegres como para ponerse a bailar sin importar nada, chacareras, zambas, carnavalitos o lo que se ofrezca ahí, en medio de la plaza.

Por los alrededores de la plaza también surgen sonidos de peñas en patios o en las mismas calles, bajo los cielos estrellados de Amaicha.

Y de los provisorios hornos de barro, asadores, cacerolas de hierro fundido, emanan los aromas. La noche anterior, con la excusa de entretener el estómago hasta que la doña del puestito nos calentara bien los tamales y las humitas en chala, me había engullido varias empanadas tucumanas. Pero a su vez, éstas se convirtieron en la excusa perfecta para elegir con qué regarlas: una botella de vino tinto patero artesanal. No fue fácil la selección. Se hizo indispensable hacer una interminable cata de licores entre varios puestos de la plaza: mistela, torrontés de altura, licor de muña muña (hierba también conocida como el Viagra de la Puna), licor de uva, de algarroba, de miel. Incluso hubo que repetir toda la degustación varias veces.

El desenlace fue una pausa estratégica, tirados panza arriba sobre el césped de la plaza, mientras la gente saltaba, bailaba, se divertía en derredor.

Pero eso había sido la noche anterior. Para esta noche, en Amaicha del Valle, sentadito, bien cómodo en alguna de las mesas de chapa o madera, y sillas todas distintas, cantinas provisorias que arman los lugareños en plena calle, concretaré esa idea que preocupa hondamente mi corazón y mi espíritu:

Entrarle a cucharazo limpio, a un plato hondo rebosante de locro, humita, o huascha locro, con una manchita flotante en el medio de salsa picante y cebolla de verdeo.



Víctor Gómez

www.victorgomezarte.com.ar

www.totemca.blogspot.com

www.gomezdelivery.blogspot.com







A diferencia de la desertificación de la cordillera chilena, como resultado del accionar de la megaminería extranjera permitida desde la dictadura pinochetista, el lado argentino cordillerano está pleno de comunidades sustentadas a base de emprendimientos agrícolas y turísticos ejemplares y en crecimiento. Y lo serían aún más si tuvieran un mínimo apoyo de los gobiernos. Estos, a contrapelo de la sabia elección de estas poblaciones, insisten en darle oportunidad a empresas extranjeras megamineras seriamente comprometidas con la justicia en otros países y en el nuestro inclusive.

El 1º de marzo, ayudemos a las “Mujeres del Silencio” de Andalgalá, a gritar lo que no pueden expresar en su pueblo, sin sufrir represión, arrestos, golpes por parte de Gendarmería, fuerzas policiales provinciales y privadas contratadas por las empresas mineras. No se rinden. Todos los miércoles marchan por la vida y el agua, con la boca vendada y las manos atadas.

El 1º de marzo a las 19 hs., desde Plaza Pringles hasta el Monumento, marchemos por las consignas:

“Aplicación de las leyes “antiminería a cielo abierto”, y de protección de las reservas acuíferas”

“No a la represión de los manifestantes de los pueblos cordilleranos”

“Mantenimiento y profundización de economías sustentables”



Víctor Gómez

Yo lo vi, no me lo contaron- II

Yo lo vi, no me lo contaron- II






Camping “El Diamante” – Plaza Vieja. Departamento Famatina. La Rioja.

12/01/2012- tardecita.

Ante nuestra sorpresa por la hermosura de las flores que rodean el quincho, la pileta y el predio para las carpas, la chica que atiende el almacencito del camping nos aclara: -¡Ah! Las plantó mi Vieja. Son su locura. En cambio a mi Papá le gusta la finca.- y señala el terreno, atrás del camping, surcado por hileras de nogales y durazneros, estos últimos rebosantes de frutos listos para ser cosechados.

Continúa -Ahora estamos seleccionando duraznos para llevar a Chilecito. Son perfectos para los enlatados en almíbar. ¡Duritos y bien dulces! Además les tenemos que dar tiempo a los nogales para que den fruto.

El padre, sentado sobre un tronco, selecciona los duraznos desparramados en el césped y los va colocando en distintos cajones.- ¡Prueben che! – y él mismo, orgulloso, nos extiende varios en una bolsa.

La chica explica- A la finca la regamos con el agua de la pileta. ¡No podemos desaprovechar nada! Encima los de Vialidad nos taparon una vertiente cercana, así que tuvimos que hacer otro canalcito. Con toda la familia hicimos estas acequias, plantamos los árboles, las flores, el quincho. La verdad que quedó relindo el camping.

Desde nuestra entrada en La Rioja, por el Cañón del Talampaya, pasando por Pagancillo, Sañogasta, los Tambillos, Nonogasta, Chilecito, ya se podían percibir en cada pueblito, los ánimos caldeados por la decisión del gobernador Beder Herrera, luego de haber asumido usando la ley “antiminería” como eje de su campaña, de derogar su propia ley para darle vía libre de explotación a empresas chinas, norteamericanas y canadienses.

Así que el tema es parte de cualquier charla - ¿Che, y ahora con lo de la minería que va a pasar?- le pregunto.

-Y, todo esto va a morir. Si ya el agua es poca, y mirá como la aprovechamos, imaginate que después ni va a existir o va a llegar contaminada. Usan explosivos y mercurio para poder separar lo que queda de oro. Antes era otra cosa. Existían los “pirqueteros”. Con un pico sacaban un cachito y lo tamizaban. Pero con este tipo de minería no queda nada. Por eso estamos en lucha. Todos vivimos de las fincas y el turismo. Toda la región. Acá, en Plaza Vieja, no vamos a dejar que exploten el Famatina, que es lo único que nos da agua. No. Eso no puede pasar.





Víctor Gómez

www.totemca.blogspot.com

www.gomezdelivery.blogspot.com

www.victorgomezarte.com.ar







Es falso que se trate de unos pocos fundamentalistas de la ecología los que llevan adelante tantos cortes de ruta y asambleas populares.

Todas las poblaciones cercanas a la cordillera están en contra de la megaminería y ya están sufriendo los efectos adversos. Ya saben que no es símbolo de progreso. Estos pueblos, entre los que se incluyen las comunidades originarias, derivan su bienestar de la agricultura intensiva y el turismo. Es falso que la minería sea su salvación económica. Muy por el contrario, exigen planes de fomento de la agricultura y de rescate y salvaguarda de los parques y reservas naturales, los reservorios arqueológicos y patrimonios históricos que incentivan la visita de miles de turistas del mundo entero.

El Jueves 16/2 a las 19 hs. en el Monumento a la Bandera, paralelo a la concentración “contra la mega minería a cielo abierto”, convocamos a reunirnos gente ligada al arte que quiera sumarse a estos reclamos de la forma que sea y pueda, con ideas, acciones, o en otras palabras, con actitud “artivista” (arte, acción política y responsabilidad social).



Víctor Gómez

Yo lo vi, no me lo contaron I

Yo lo vi, no me lo contaron- I






Almacén Doña Juana, Los Tambillos, Cuesta de Miranda, La Rioja

10/01/2012, mediodía.

Parece ancha la calle del pueblo, aunque no hay veredas y apenas da para que se crucen dos autos. Es que uno viene de atravesar los fabulosos precipicios de la Cuesta de Miranda, un cañadón en el que el camino es un delgado recorte saliente de faldones verticales altísimos, negros, rojos, blancuzcos, según los caprichos de una geología única en el mundo. Eso se aprende en Ischigualasto y el Talampaya, al compartir las vistas con tantísimos turistas extranjeros, tan o más fascinados que uno.

Así que pasar por Los Tambillos y detenerse frente al almacén Doña Juana resulta cómodo y tranquilizador.

El almacén, como gran parte de las construcciones de la región, es de paredes de adobe y techo de cañas, paja y barro, sobre vigas de sauce, ceibo, algarrobo. Son los materiales perfectos para proteger de la gran amplitud térmica entre el día y la noche. Además las lluvias son inexistentes excepto en lugares muy determinados como el cerro Famatina y algunas altas cumbres de la cordillera.

Almacenes, hospedajes, y otros negocios siempre tienen el nombre de sus dueños: Doña Juana, Don Pedro, Don Felipe, Doña María…

Hace un calor proverbial. Aunque suene contradictorio, le pido a Doña Juana agua caliente para el mate y dos helados.

Doña Juana arrastra los pies al caminar, y pareciera que apenas me ve tras los párpados arrugados enmarcados por una tez oscura e india, de habitante de siempre, originario, ancestral. Intenta venderme unos quesillos de cabra pero me parecen algo caros. Mientras ella entra a la cocina de su casa a controlar el agua de la pava, me tomo un helado casi sin respirar.

Apenas escucho su débil voz, desde la cocina- Joven, venga, pase a ver si está caliente el agua.

Así conozco la cocina y el comedor de su propia casa.

Cargo yo mismo el termo. Advierto que Doña Juana me está cobrando de menos. Le señalo que yo ya había consumido un helado y tal vez no lo está sumando. -¡¿Entonces, me dice joven cuánto le tengo que dar de vuelto?! Ya se me hace difícil hacer cuentas.

- Ah! Ya no hay gente así, en quien confiar- reflexiona mirando al vacío. Dirige el delgado índice de su mano derecha, temblorosa y áspera, hacia una fotocopia barata clavada en la pared de adobe. Es un volante. Alcanzo a divisar en él un título: “No a la mega minería” y las caricaturas de Beder Herrera, el gobernador de La Rioja, Menem y Cristina F. de Kirchner.-Mire usted los políticos. Parece que se separan, pero se juntan para los negocios. Y así nos engañan a todos…





Víctor Gómez

De Pasaje Gurí a Karl Kunger Strasse

De Pasaje Gurí a Karl Kunger Strase




Pasado el mal trago de haber sido el único pasajero demorado que revisaron los policías de migraciones del aeropuerto, estoy tomando mi primer bondi en Berlín. Por un sistema neumático, el vehículo completo desciende unos centímetros antes de yo ingresar al mismo, como haciéndome una reverencia, poniéndose a la altura del cordón de la vereda. Con tres cómodas puertas, se puede entrar hasta con una bicicleta cruzada a lo ancho por una de ellas. De hecho, muchos lo hacen.

A pesar de la intrincada distribución de calles, intervenidas por parques, canales y río en Berlín, se puede acceder a cualquier punto en minutos gracias a una red de transporte público de trenes, tranvías, subtes, y colectivos, que abundan en mapas, guías, carteles computarizados y altavoces.

Las bicicletas son las reinas del asfalto. Las bicisendas que cruzan absolutamente todas las calles y veredas son sagradas. La gente lo chista a uno si te ve desprevenido pisando una de ellas. El que una madre o un papá se anime a remolcar de su bici un liviano carrito de aluminio por cualquier calle, en el que van sus dos o tres pequeños hijos no sorprende ni asusta a nadie.

Eso explica porqué hay tantos autos estacionados en las calles, cubiertos por varias capas de hojas del otoño berlinés. Hay que ser un tarado para andar en auto, teniendo bicicleta y uno de los mejores transportes públicos del mundo.

Gracias a una bici prestada puedo recorrer Berlín a gusto, pero soy muy torpe. En los cruces de calle el automovilista se detiene a mi paso pero no me acostumbro y también me detengo. Y así quedamos, viéndonos las caras como nabos.

Por miedo a embestir una pareja de ancianos peatones me zambullo con bici y todo contra un escaparate de macetas, flores y plantas que está en la vereda.

Por propia voluntad uno adquiere los diferentes tipos de pasaje y los marca en una máquina en cada transporte público. Los argentinos no somos los únicos que salteamos éste trámite. Muchos berlineses, especialmente obreros, operarios o estudiantes lo hacen.

Si bien parece ilógico, el fenotipo más común en todo Berlín es el turco árabe. Y la comida más común, el shawarma, aunque los berlineses digan que su plato típico son las salchichas asadas con salsas rojas. Mujeres con caftán, rostros cubiertos y túnicas negras, bares que no expenden alcohol, cientos de restaurantes al paso exhibiendo las típicas carnes apiladas girando en un eje paralelo al fuego, completan un paisaje urbano de gran presencia musulmana y de Cercano Oriente. Esta inmigración masiva fue consentida por la necesidad de mano de obra para la reconstrucción de Alemania, en la posguerra.

Me gusta desayunar en el café y panadería turca de la esquina del departamento donde me ubico, en la calle Karl Kunger. A las exquisitas confituras le acompañan el café con leche con un corazón de cacao en polvo flotando en la espuma blanca, servido así por la bella moza de rasgos semitas.

Berlín en especial, por cuestiones de conveniencias políticas de sus sucesivos gobiernos, fue ciudad-refugio de cuanta guerra hubo por el mundo. Kurdos, vietnamitas, palestinos, croatas, eslovenos, iraquíes, iraníes, sirios, perseguidos políticos sudamericanos, y más actualmente, africanos, se turnaron para ocupar los edificios de refugiados especialmente destinados a tal fin, y ya no retornaron a sus orígenes.

El “sincretismo culinario” de tantas culturas diferentes se hace visible en todos los barcitos y kioscos de comida rápida que hay en cada cuadra de Berlín, donde es factible que un tailandés o un croata ofrezca comida china cocinada a lo árabe, o viceversa.

Y el Moabit es el barrio más populoso donde, sin embargo, el idioma alemán es lo que menos se escucha.

Con todo esto conviven los alemanes originarios, intentando superar además, la culpa colectiva por el Holocausto. Igualmente parecen amargos por naturaleza. Uno ve miles de alemanes cruzándose en una enorme y moderna estación de trenes de varios niveles, escaleras mecánicas, plataformas, y no hay ruidos, gritos, exclamaciones desmedidas. Sólo gestos adustos, indiferentes.

De alguna manera esa especie de aflicción oculta sintoniza con el tango argentino, ampliamente aceptado y ejercitado por los berlineses.

Por fin escucho unos cánticos desaforados en una estación, pero resulta que provienen de cuatro hinchas de un club de Escocia, con polleritas a cuadros y todo.

En un subte, durante la madrugada, sí puedo vivir lo que se podría denominar un gesto desubicado de parte de un alemán: sentado frente a mí, sin otros pasajeros presentes en el vagón, y mirándome fijamente a los ojos, exhala el eructo de cerveza más estridente y largo que yo haya escuchado en toda mi vida.

Las jóvenes alemanas y no tanto visten zapatos de finos y altos tacos, calzas negras a veces translúcidas, completando el conjunto hacia arriba con gran elegancia, y excesivo cuidado en las uñas y el maquillaje. Se agrega muchísimo piercing en los blancos cutis y tatuajes por el cuerpo. A semejante esfuerzo de sensualidad los hombres responden informalmente con pantalones caídos y sueltos buzos con capucha. Un desastre.

Si uno quiere sentir ruido de verdad, abrazos, calor humano en Berlín ¿a dónde va a ir? Al rincón mas latino, el Bar Zapata ubicado en el alucinante Kuntshaus Tacheles.

El “Tácheles”, edificio enorme destruido en una mitad por la guerra, fue refugio de cierto hipismo okupa, y persiste en su bohemia albergando talleres de escultura de deshechos industriales, barcitos, minisalas de exposición. Su característica principal es que está grafiteado en paredes, techos y piso en todos sus resquicios. No hay rincón del “Tácheles” sin varias capas aerosoleadas de dibujos y colores.

Bastión de la movida “under” de Berlín, en el “Tácheles” conviven paredes y puertas desvencijadas de humedad con backlights, proyecciones de video, neones, esculturas enormes de hierro encontrado, pósters, barras de tragos. Entre sus coloridas salitas, espacios, pasillos, uno se puede topar con un grupo de percusión africano o un colectivo de artistas completamente desnudos y pintarrajeados haciendo una perfomance.

En un sector de techos altos de la planta baja del “Tácheles” está el bar Zapata. Sobre una de sus paredes ennegrecidas del hollín de la guerra, sin sonido, se proyectan constantemente viejas películas sobre Emiliano Zapata y otros héroes o bandidos mexicanos. En otro lateral se ordenan varias computadoras encendidas para el uso libre. Mesas y sillas son de materiales reciclado, especialmente hierro.

Todas las noches se despierta el Bar Zapata con DJs, o música en vivo de lo más alocada. En este momento, la extraña fusión musical de la banda “La Chancha”, integrada por dos chilenos, un ruso, un yugoslavo, un turco, vibra una suerte de cumbiarock balcánica de gran potencia. Se hace imposible el que alguien quede sentado sin bailar, saltar, hacer pogo o gritar como desaforado. Por si faltara emoción, un dragón de hierros descartados despide lenguas de fuego reales de dos metros por sobre las cabezas, cocinando nuestros cerebros. El dragón se eleva desde la barra, también de hierro de descarte y sus llamaradas son accionadas por los que despachan los tragos, al ritmo de la música.

El cuadro de locura lo completan ese par de alemanas rubias delgadísimas, intentando bailar “La pollera amarilla”, “Lo mataron a don Goyo”, o algún otro sorpresivo clásico de la cumbia santafesina. Son tan faltas de gracia y despatarradas…

Siempre se puede escuchar buena música en vivo en Berlín, del estilo que sea y a cualquier hora en sus cientos de bares y boliches decorados muy cálidamente, con profusión de velitas y estanterías repletas de las 200 marcas de cerveza. Se completa la ambientación con bandas de jazz session y blues, tango, música cubana, afro, rock, punk, gótica o sus mezclas.

Y siempre hay algo para ver, en sus 140 museos, a los que se agregan galerías, casas de cultura y ferias de arte.

Viendo tanto reservorio arqueológico cultural de la historia completa de la humanidad, muy didáctico por cierto, no se puede dejar de pensar en el afán acopiador del espíritu antropológico y euro centrista del siglo XIX y principios del XX, que movilizó esfuerzos aventureros, además de consentir saqueos y piratería, para lograr tamañas colecciones.

Cada vez que acciono mi vieja cámara analógica Canon A1, todo el mundo gira la cabeza sorprendido y asustado, como si escucharan el gatillo percutor de un revólver alistándose para el disparo.

A los vernisagges inaugurales de las exposiciones de arte, asisten también ciertas figuras repetidas con el único interés de arrasar con los bocaditos, las roscas de pan y las copas de vino o champagne.

Todo Berlín tiene una altura promedio de 3 a 4 pisos, con viviendas que tienen lo preciso, agrupadas en condominios con patios parquizados internos, logrando que cada departamento reciba luz natural. Un detalle de incongruencia para mí es el hecho de que la luz del baño se acciona desde afuera del mismo en varios hogares. Cualquier tarado te puede dejar a oscuras sentado en el inodoro.

Algo de los criterios constructivos de Berlín me llamó la atención por sobre las maravillas arquitectónicas como una fábrica de trenes convertida en museo contemporáneo de arte o la cúpula vidriada de la casa de gobierno: el esfuerzo por no avasallar lo antiguo por lo nuevo, sino que ambos convivan armónicamente, y el tamaño equitativo de las viviendas.

Hasta los barrios de las afueras, donde sí hay casas enormes, resulta que éstas se subdividen internamente de manera que vivan varias familias. Durante un mes completo no asisto nunca a un gesto o situación de ostentación de riquezas desniveladas de la generalidad.

En coherencia con esta equidad está la presencia del Estado: gran carga impositiva a los sectores empresarios y distribución de todo tipo de ayuda social en forma de planes de trabajo, subvenciones, subsidios, pensiones, etc. Por hijo, desde su nacimiento hasta los 27 años, el estado otorga 200 euros mensuales, mas préstamos y becas para gastos de universidad. Algo muy similar a los planes “Trabajar” nuestros, dan sustento a un porcentaje enorme de población, y el estado también los usa como forma de bajar índices de desempleo. Nadie se asusta o critica esta situación o discrimina a los beneficiados. Se entiende que es la forma más lógica de frenar la inseguridad.

Hay gente que grafitea o raya asientos y vidrios de flamantes trenes y casas, mea o tira botellas por la calle y otras conductas alejadas de la mitificación que solemos hacer de los europeos y de los alemanes en especial. Básicamente podría decir que no hay tanta diferencia en cuanto a la población, exceptuando ese gran logro de un bienestar equilibrado socialmente.

Por curiosidad asisto a una convención comunista. Es en un estadio cubierto enorme, con proyección en pantallas, con auriculares que le traducen al español a uno todos los discursos en el momento y un gran merchandising de pines, remeras, libros a la venta para colectar dinero. Sobre el escenario, diversos músicos se empeñan en interpretar clásicos latinos de la lucha antiimperialista, como la guajira del Che, entonados con acentos extraños y engolados como lo hace ese coro de chicas alemanas: “…de tu querrrrride presencien...comandante Ché Guevaga…”

También hay espacio para un pequeño desfile: un obrero boliviano con un casco minero portando una banderita de Bolivia clavada en el mismo, un dirigente hindú, tres dirigentes de la Federación Comunista Ucraniana que con sus sobretodos grises parecían agentes de la KGB, dos de Nepal, uno comunista, el otro maoísta, y otros personajes más de Irán, Irak, Nigeria, Afganistán, cada uno precedido por un joven con una pancarta que supuestamente explica de quien se trata. Pero todo resulta muy confuso ya que las pancartas están mezcladas, anunciando por tanto la personalidad equivocada.

Todos los discursos, básicamente, critican la globalización o situaciones ajenas, en lejanos países de otros continentes. El único reclamo local consiste en una adhesión a la lucha de los militantes ecologistas de Stutgart por evitar que se volteen 10 árboles en su ciudad.

Es que realmente viven bien estos alemanes. Faltaría un poco mas de simpatía en los rostros para atestiguarlo. Pero los chicos sí contagian con su risa y espontaneidad, provocando ternura, como en cualquier parte del mundo.







Víctor Gómez