Claridad y firmeza en la pareja, si me permiten un consejo...
En una relación de pareja, con ciertas mujeres y, ante determinadas situaciones, hay que mostrar carácter, cierto rigor, tomar el toro por las astas, agarrar la sartén por el mango, mostrar quién lleva los pantalones y poner los puntos sobre las íes.
Con mi novia, me sucedió que se nos estaba haciendo difícil el encontrarnos hasta para salir a tomar una cerveza. Por supuesto que, de acostarnos, ni hablar.
Yo insistía e intentaba organizar las citas por teléfono, pero finalmente nunca nos veíamos por motivos cada vez más extraños que ella argumentaba:
- Hoy necesito imperiosamente ir a gimnasia.
- Nunca vengas a mi casa para que los vecinos no comenten...
- Hoy hice programa con unas amigas que vos no conocés.
- Hoy tengo miedo de salir y que roben en mi casa.
- Hoy estoy cansada.
- Pero, ¿no nos vimos hace poco?
- ¿Sabés que me acosté a las siete de la tarde y me quedé dormida?
- Hoy me tengo que preparar para mañana y mañana para pasado mañana.
- Hoy no, porque seguro que vos vas a querer que nos acostemos.
- Hoy no tengo ganas.
Y finalmente:
- ¿Por qué te tengo que dar explicaciones?
Intenté comprender y adaptarme, reprimir mi instinto machista de guardabosque, y tratar de estar preparado por si, entre tantas dudosas idas y vueltas, ocurría el ansiado encuentro. Pero esto me generaba tal ansiedad que, si por fin nos veíamos, yo quedaba más excitado que antes.
Llegaron así las cosas hasta el límite en el que habían transcurrido tres meses desde la última cita cara a cara. En ese ínterin, fue nuestro aniversario, por lo que le envié un pantalón de regalo por encomienda sin recibir respuesta.
"¡Esto es el colmo!" me dije. "¡Reciedad, caramba!". Ya era tiempo de ponerme un poquitito duro. Suficiente. Como últimamente a ella le molestaba que la llamara por teléfono, le mandé un mail, accionando el teclado con visible firmeza:
"¿Sería mucho pedirte, Querida, que por lo menos nos pusiéramos de acuerdo en cada cuánto nos vamos a ver y sobre todo cumplirlo? ¿Una vez por semana,... o por mes,...o nunca...?"
"PD 1: Por favor no te enojes".
"PD 2: Ahora uso barba".
Ella me contestó, también por mail: "Ah, sí, bueno... nunca".
Satisfecho le respondí: "¿Viste, mi Amor, que no era tan difícil llegar a un acuerdo mutuo?"
Hace ya cinco meses que no discutimos, aunque tampoco nos vemos. Pero cada uno sabe lo que espera del otro, y eso me hace quererla más que nunca. Ya le envié por encomienda un par de aros, un cinto, una cartera, un colgante...
Me complazco a mí mismo por haberme puesto firme, defender mi situación, lograr que ella entienda mis necesidades, y a la vez, preservar la pareja.
Siento que en nuestra relación está todo bien, y sólo me molesta tener que masturbarme tanto.
Víctor Gómez, mayo de 2005