"Cuando salí de Santiago todo el camino lloré..."
Cuando salí de Santiago todo el camino lloré…
“Todos los días la policía entra a las aulas y anota qué docentes faltaron, Controla los motivos de ausencia, sobre todo los días en los que hay marchas de protesta. ¿Dónde se ha visto eso?...” Me lo dice una maestra jardinera de Villa Atamisqui. Ella, para llegar a su trabajo, a las 5 de la madrugada toma un colectivo urbano en Santiago, otro interurbano desde Santiago a Simbol (60 km). Hace dedo hasta un cruce de ruta (34 km) y nuevamente, en un camino vacío de tráfico (donde la encontré bajo la lluvia), espera (mas bien ruega) por quien la pueda llevar los 15 km que aún le restan. El regreso es otro calvario. Llega a la casa cerca de las 5 de la tarde. Por mes cobra $ 6000 de salario de bolsillo de los cuales apenas 2500 figuran en blanco en su recibo de sueldo. Aunque hace dedo la mitad de sus recorridos, gasta casi $ 3000 solo en transporte.
La plaza central de Termas de Río Hondo, rodeada de paquetes edificios y negocios, entre ellos el espectacular casino, durante los días que dura el Moto GP (la fórmula 1 del mundo motero), es cobijo de una inquieta franja de guardapolvos blancos y pancartas. Entre asambleas a la vista, concentraciones y marchas, docentes venidos de todas partes de Santiago del Estero se hacen fuertes para llamar la atención y ser oídos en sus reclamos.
La oportunidad es única. Saben que el evento convocará periodistas de todas partes del mundo. Y que los medios nacionales y provinciales están más bien ocupados en “tapar” todo escollo y contrariedad del nuevo gobierno. Entre ellos el periódico El Liberal de la capital provincial –con ese nombre, qué se puede esperar.
El gobierno que creó esta difícil situación está reticente a los reclamos. No le bastó el mes de paro por tiempo indeterminado: un mes sin clases. Tampoco las carpas docentes sobre la ruta –construidas con pobres rejuntes de lonas y nylon negro- en cada pueblito de Santiago. Ni las fotocopias de adhesión pegadas en negocios y vehículos: “Yo apoyo al paro docente”. Por eso los docentes están acá, entre moteros, promotoras y el ruido de miles de motos que valen cada una lo que lo que un maestro gana en varios años.
Con tanto extranjero, los docentes intuyen que en este lugar el gobierno se va a cuidar más de soltar la represión policíaca rabiosa que ya hizo estragos en las manifestaciones en la capital de la provincia. Se suman los casos de delegados y manifestantes sospechosamente golpeados en la soledad de los caminos, y hasta acuchillados en sus propias casas, en horas posteriores a alguna marcha. “No somos delincuentes”, dice una pancarta. “12000 pesos para reprimir, 2500 para educar”, dice otra, comparando los sueldos de un policía y un maestro. “Teachers in struggle for education- Salary u$s 195” se repite en varias pancartas, entre carteles en otros idiomas, francés, alemán, portugués y hasta japonés. Se tomaron su trabajo los maestros.
Desde una mesa ofrecen porciones tortas caseras: “Es para los compañeros que no tienen ni para comer. Como nos descuentan los días de paro… ¿cuál le está gustando al señor? ¿Estita o la otrita nomás?”…
Nunca escuché semejantes términos usados en diminutivo, pero con el agregado del cantito santiagueño, resuenan muy dulces, más que las tortas sobre la mesa.
Jueves y viernes hay movilización. Durante largas 4 hs. los docentes marchan por todas las calles del centro. Al pasar frente a un local de música que emite a todo volumen sonidos de cumbia, ningún manifestante puede evitar el menearse al ritmo popular, y la marcha por unos minutos se vuelve alegre y danzarina.
El sábado llegan a 4000 los docentes concentrados a los márgenes de la avenida central. Rodean la fila de motos que avanza a duras penas saludando y tocando bocina. Una decena de motoqueros cruza la concentración vestidos con guardapolvos blancos y el gentío estalla en cánticos. Hay lágrimas de emoción y agradecimiento, tal es la necesidad de apoyo de estos maestros: “En realidad varios gremios también iban a reclamar con nosotros” me comenta una maestra,”… los médicos, los estatales…pero se asustaron. Hay mucha persecución. Te dejan cesante. Te reprimen. Y hemos quedado solos los maestros en esta lucha. Únicamente nosotros nos animamos a pelear contra este gobierno. Solo los maestros de Santiago hemos perdido el miedo…”
La oportunidad es única. Saben que el evento convocará periodistas de todas partes del mundo. Y que los medios nacionales y provinciales están más bien ocupados en “tapar” todo escollo y contrariedad del nuevo gobierno. Entre ellos el periódico El Liberal de la capital provincial –con ese nombre, qué se puede esperar.
El gobierno que creó esta difícil situación está reticente a los reclamos. No le bastó el mes de paro por tiempo indeterminado: un mes sin clases. Tampoco las carpas docentes sobre la ruta –construidas con pobres rejuntes de lonas y nylon negro- en cada pueblito de Santiago. Ni las fotocopias de adhesión pegadas en negocios y vehículos: “Yo apoyo al paro docente”. Por eso los docentes están acá, entre moteros, promotoras y el ruido de miles de motos que valen cada una lo que lo que un maestro gana en varios años.
Con tanto extranjero, los docentes intuyen que en este lugar el gobierno se va a cuidar más de soltar la represión policíaca rabiosa que ya hizo estragos en las manifestaciones en la capital de la provincia. Se suman los casos de delegados y manifestantes sospechosamente golpeados en la soledad de los caminos, y hasta acuchillados en sus propias casas, en horas posteriores a alguna marcha. “No somos delincuentes”, dice una pancarta. “12000 pesos para reprimir, 2500 para educar”, dice otra, comparando los sueldos de un policía y un maestro. “Teachers in struggle for education- Salary u$s 195” se repite en varias pancartas, entre carteles en otros idiomas, francés, alemán, portugués y hasta japonés. Se tomaron su trabajo los maestros.
Desde una mesa ofrecen porciones tortas caseras: “Es para los compañeros que no tienen ni para comer. Como nos descuentan los días de paro… ¿cuál le está gustando al señor? ¿Estita o la otrita nomás?”…
Nunca escuché semejantes términos usados en diminutivo, pero con el agregado del cantito santiagueño, resuenan muy dulces, más que las tortas sobre la mesa.
Jueves y viernes hay movilización. Durante largas 4 hs. los docentes marchan por todas las calles del centro. Al pasar frente a un local de música que emite a todo volumen sonidos de cumbia, ningún manifestante puede evitar el menearse al ritmo popular, y la marcha por unos minutos se vuelve alegre y danzarina.
El sábado llegan a 4000 los docentes concentrados a los márgenes de la avenida central. Rodean la fila de motos que avanza a duras penas saludando y tocando bocina. Una decena de motoqueros cruza la concentración vestidos con guardapolvos blancos y el gentío estalla en cánticos. Hay lágrimas de emoción y agradecimiento, tal es la necesidad de apoyo de estos maestros: “En realidad varios gremios también iban a reclamar con nosotros” me comenta una maestra,”… los médicos, los estatales…pero se asustaron. Hay mucha persecución. Te dejan cesante. Te reprimen. Y hemos quedado solos los maestros en esta lucha. Únicamente nosotros nos animamos a pelear contra este gobierno. Solo los maestros de Santiago hemos perdido el miedo…”
Víctor Gòmez
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home