26 agosto 2012

¡Muchachos! ¡No nos desconozcamos!-(El "Sucio" Larry- Cap. VI)



¡Muchachos! ¡No nos desconozcamos! – (El “Sucio” Larry- Cap. VI)


A las 10 de la mañana del sábado en Bella Vista, Corrientes, hay aún escasa vida humana en el motoencuentro, pese a la profusión de carpas y motos que indican lo contrario.
Se hace fácil distinguir las enormes banderas y pancartas que cuelgan de los árboles con los nombres de las agrupaciones motoqueras asistentes al evento. La mayoría expresa alguna característica de los integrantes: “Malas Compañías”, “Maldita suerte”, “Retobados”, “Boqueteros”, “100 % Negro”, “Ratas alcohólicas”, “Tomé demasiado”… También pueden referirse a algo que identifique su región de origen, como la agrupación “Dengue” de Formosa.
La quietud mañanera sugiere una noche  muy activa y no solo por las bandas de rock. Desde una carpa se escucha una ronca conversación:
-“Esos pendejos del orto con esos ciclomotores de porquería…no sirven para nada. Puro kilombo toda la noche. No te dejan dormir. En Mercedes podían entrar sólo las motos de mas de 250cc.”-
-“Te dije que le dieras al Fernet y listo. Así te dormís y te dejás de romper las pelotas. ¡Sos boludo! ¿Hé?”
Yo tampoco me banco a los pendejos de los ciclomotores. Pero para estos veteranos motoqueros, aquellos se convierten en la ladilla molesta, la plaga, la vergüenza de los motoencuentros. Por empezar son del mismo pueblo, no viajeros devora rutas. Entran al motoencuentro con la cabeza confundida, como si fuera una zona liberada, para el reviente. No tienen criterio para  andar en moto, no saben beber alcohol ni drogarse ni cargar fierros o navajas, pero hacen todo eso. No conocen los códigos. Y de seguro, serán los promotores o culpables de varias escaramuzas, ignorando que a los motoqueros les encanta reprimir y confraternizar pegando y haciendo de policías de sí mismos.
A la mañana siguiente de una noche de motoencuentro y rock’n roll, seguramente habrá algún pendejo hospitalizado, en la cárcel, o en ambas situaciones, o lastimado acostado en algún cordón de vereda, con la moto sin llaves o con las llaves sin moto, y no pudiendo acordarse de cómo terminó en esa situación. Para los motoqueros, será una anécdota más de puño fácil en la que tuvieron que actuar para ubicar a alguno y hacer respetar “los códigos”.
En Trenque Lauquen, los organizadores de la agrupación “Malón” llegaron tarde para evitar la batalla. Dos de esos tipos del pueblo que parece que cada vez que se ven se saludan a trompadas y navajazos, justo se encontraron a unos metros de mi puesto. Para colmo, cada uno iba acompañado de su propia barra de compinches. La batahola fue de dimensiones. Uno de ellos se aproximó peleando de espaldas hacia mí. Si la pelea se extendía dentro de mi puesto podía considerar mi desastre económico. Pensando en el pan de mi hija le dí un empujón a una espalda de 100 Kg., redireccionándolo hacia la gresca. El desgraciado saltó hacia mi izquierda, donde había otro puestero que vendía todo tipo de armas blancas- navajas, cuchillos, catanas japonesas y hasta ballestas-, tomó la catana más próxima y la desenvainó. Con buen manejo de una de éstas, como se ve en las películas de artes marciales, se sabe que se pueden hacer rodar varias cabezas con cada sablazo. El tarado, enceguecido, fue tomado entre varios justo a tiempo mientras la revoleaba peligrosamente en desorbitados círculos. Ahí todos reparamos, incluso él mismo, que tenía un corte profundo en un costado del estómago. Soltó la catana y se perdió corriendo entre el gentío como un diablo.
En San Carlos hubo varias “podridas”. Pero no tan cercanas, y algunas casi simpáticas, como la que se armó a la vista de todos entre los mismos motoqueros.
Sobre el escenario, mientras hacían el cambio de instrumentos para otra banda, el animador, “Gilerón”, tipo repulsivo e insoportable,  convocó a Olaf el “Vikingo”, un veterano y querido motoquero, para homenajearlo con una cerveza y una placa.  Cuando Olaf se disponía a agradecer, un joven rockero que había cantado antes,  arrebató el micrófono para denunciar por los parlantes supuestos malos tratos del animador:-“¡Gilerón! ¡Viejo borracho, irrespetuoso! ¡Venimos a tocar, no a que nos traten así...! No terminó la frase. Arriba y abajo del escenario se inició un revoleo de patadas y piñas de película.
Olaf, el “homenajeado”, gigante bonachón, otra vez con micrófono en mano, se destacaba solitario e inmóvil sobre el escenario en medio de la batahola, intentando conciliar:-“¡Uy! ¡Eh! ¡Así no! ¡Pero muchachos! ¡No nos desconozcamos así! ¡Frenen! ¡Ay! ¡Paren locos! ¡Parecemos bailanteros…!

Con el tiempo, uno va aprendiendo a regular los tiempos, olfatear el peligro, esquivar los momentos y lugares de cuidado, casi hasta familiarizarse con ciertos riesgos, e incluso, sentirse a gusto. Se me antoja, algo similar a lo que ocurre a la vida en mi barrio.
Durante horas podría seguir describiendo tantísimas contiendas, pero justo veo al “Sucio” Larry yendo a buscar el desayuno gratis ofrecido en la oportunidad: mate cocido y galletas de grasa.
Me parece mas fructífero saludarlo y ver qué se trae entre manos esta vez. Después de todo, tanto a mí como a los motoqueros, no nos interesa que se extienda  una mala imagen respecto a los motoencuentros.


                                                                                                      Víctor Gómez