Yo lo vi, no me lo contaron I
Yo lo vi, no me lo contaron- I
Almacén Doña Juana, Los Tambillos, Cuesta de Miranda, La Rioja
10/01/2012, mediodía.
Parece ancha la calle del pueblo, aunque no hay veredas y apenas da para que se crucen dos autos. Es que uno viene de atravesar los fabulosos precipicios de la Cuesta de Miranda, un cañadón en el que el camino es un delgado recorte saliente de faldones verticales altísimos, negros, rojos, blancuzcos, según los caprichos de una geología única en el mundo. Eso se aprende en Ischigualasto y el Talampaya, al compartir las vistas con tantísimos turistas extranjeros, tan o más fascinados que uno.
Así que pasar por Los Tambillos y detenerse frente al almacén Doña Juana resulta cómodo y tranquilizador.
El almacén, como gran parte de las construcciones de la región, es de paredes de adobe y techo de cañas, paja y barro, sobre vigas de sauce, ceibo, algarrobo. Son los materiales perfectos para proteger de la gran amplitud térmica entre el día y la noche. Además las lluvias son inexistentes excepto en lugares muy determinados como el cerro Famatina y algunas altas cumbres de la cordillera.
Almacenes, hospedajes, y otros negocios siempre tienen el nombre de sus dueños: Doña Juana, Don Pedro, Don Felipe, Doña María…
Hace un calor proverbial. Aunque suene contradictorio, le pido a Doña Juana agua caliente para el mate y dos helados.
Doña Juana arrastra los pies al caminar, y pareciera que apenas me ve tras los párpados arrugados enmarcados por una tez oscura e india, de habitante de siempre, originario, ancestral. Intenta venderme unos quesillos de cabra pero me parecen algo caros. Mientras ella entra a la cocina de su casa a controlar el agua de la pava, me tomo un helado casi sin respirar.
Apenas escucho su débil voz, desde la cocina- Joven, venga, pase a ver si está caliente el agua.
Así conozco la cocina y el comedor de su propia casa.
Cargo yo mismo el termo. Advierto que Doña Juana me está cobrando de menos. Le señalo que yo ya había consumido un helado y tal vez no lo está sumando. -¡¿Entonces, me dice joven cuánto le tengo que dar de vuelto?! Ya se me hace difícil hacer cuentas.
- Ah! Ya no hay gente así, en quien confiar- reflexiona mirando al vacío. Dirige el delgado índice de su mano derecha, temblorosa y áspera, hacia una fotocopia barata clavada en la pared de adobe. Es un volante. Alcanzo a divisar en él un título: “No a la mega minería” y las caricaturas de Beder Herrera, el gobernador de La Rioja, Menem y Cristina F. de Kirchner.-Mire usted los políticos. Parece que se separan, pero se juntan para los negocios. Y así nos engañan a todos…
Víctor Gómez
Almacén Doña Juana, Los Tambillos, Cuesta de Miranda, La Rioja
10/01/2012, mediodía.
Parece ancha la calle del pueblo, aunque no hay veredas y apenas da para que se crucen dos autos. Es que uno viene de atravesar los fabulosos precipicios de la Cuesta de Miranda, un cañadón en el que el camino es un delgado recorte saliente de faldones verticales altísimos, negros, rojos, blancuzcos, según los caprichos de una geología única en el mundo. Eso se aprende en Ischigualasto y el Talampaya, al compartir las vistas con tantísimos turistas extranjeros, tan o más fascinados que uno.
Así que pasar por Los Tambillos y detenerse frente al almacén Doña Juana resulta cómodo y tranquilizador.
El almacén, como gran parte de las construcciones de la región, es de paredes de adobe y techo de cañas, paja y barro, sobre vigas de sauce, ceibo, algarrobo. Son los materiales perfectos para proteger de la gran amplitud térmica entre el día y la noche. Además las lluvias son inexistentes excepto en lugares muy determinados como el cerro Famatina y algunas altas cumbres de la cordillera.
Almacenes, hospedajes, y otros negocios siempre tienen el nombre de sus dueños: Doña Juana, Don Pedro, Don Felipe, Doña María…
Hace un calor proverbial. Aunque suene contradictorio, le pido a Doña Juana agua caliente para el mate y dos helados.
Doña Juana arrastra los pies al caminar, y pareciera que apenas me ve tras los párpados arrugados enmarcados por una tez oscura e india, de habitante de siempre, originario, ancestral. Intenta venderme unos quesillos de cabra pero me parecen algo caros. Mientras ella entra a la cocina de su casa a controlar el agua de la pava, me tomo un helado casi sin respirar.
Apenas escucho su débil voz, desde la cocina- Joven, venga, pase a ver si está caliente el agua.
Así conozco la cocina y el comedor de su propia casa.
Cargo yo mismo el termo. Advierto que Doña Juana me está cobrando de menos. Le señalo que yo ya había consumido un helado y tal vez no lo está sumando. -¡¿Entonces, me dice joven cuánto le tengo que dar de vuelto?! Ya se me hace difícil hacer cuentas.
- Ah! Ya no hay gente así, en quien confiar- reflexiona mirando al vacío. Dirige el delgado índice de su mano derecha, temblorosa y áspera, hacia una fotocopia barata clavada en la pared de adobe. Es un volante. Alcanzo a divisar en él un título: “No a la mega minería” y las caricaturas de Beder Herrera, el gobernador de La Rioja, Menem y Cristina F. de Kirchner.-Mire usted los políticos. Parece que se separan, pero se juntan para los negocios. Y así nos engañan a todos…
Víctor Gómez
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home