Gustos son gustos- Yo lo vi... - III
Gustos son gustos
Yo lo vi, no me lo contaron- III
La única manera de mitigar a tanta tentación culinaria es sucumbiendo a ella. -Trataré de disfrutar de la elección y no consumir tanto- piensa uno intentando controlarse de antemano.
Pero el recorrido por las cuatro hileras de puestos artesanales dispuestos sobre la calle a un costado de la plaza central de Santa María (Catamarca), no puede tener otro final. Opto por unas “quesadillas”, especie de enormes alfajores de masa de colación rellenos de arrope de uva.
Otros manjares quedan en lista de espera: gaznates, rosquetes, empanadillas, pan dulce norteño, nueces confitadas, alfeñiques, todos sabores que incluyen masas caseras bañadas por coberturas de azúcar blanco o cacao, y arropes de uva, tuna, chañar, higo, algarroba, dulces de leche, cayote, membrillo, nueces. De los inevitables y exquisitos alfajores de miel de caña, ya cargamos como tres docenas durante el viaje, en el canasto y en nuestros estómagos.
Se vienen los mates en la plaza arbolada y faltaba algo dulce para acompañar la horma de queso de cabra y el pan casero trenzado combinando masa de harina blanca y de salvado.
Mi aspecto debe ser muy extraño porque el hombre que vende las quesadillas me pregunta:- ¿Vienen con los de “la Doma”? - Le aclaro que simplemente soy turista, entonces me cuenta que esa noche hay un festival de doma que clasifica a domadores para la Fiesta Mayor de Jesús María. Así me explico la presencia de todos esos tipos y jóvenes con bombachas de campo y enormes boinas de ala ancha caída elegantemente sobre un costado. Con un andar orgulloso de piernas chuecas, y muy erguidos, tal vez por semejantes fajas y rastras ajustadas a la cintura, se desplazan por los puestos artesanales, curiosos e inquietos como uno, viendo trabajar a tanto artesano de cestería simbol (mimbre del norte), o pedaleando enormes y rústicos telares.
Me dan ganas de quedarme en Santa María, para asistir a la doma y al recital de “Los Jarkas”, pero estamos acampando en Amaicha del Valle (Tucumán), a 20 km. Y todas las noches en Amaicha , la radio comunitaria expresa el clamor popular contra los proyectos de minería a cielo abierto y organiza recitales gratuitos en la plaza central. El programa se nutre noche a noche de músicos de la zona, con instrumentos autóctonos variados, y músicos de paso, mochileros, que se animaron a cruzar los valles calchaquíes con su violín, cello, flauta traversa, o simplemente una guitarra.
La concurrencia en Amaicha es enorme, turismo distinto, extranjeros profesores o licenciados de algo, o chicos argentinos de todos lados, inquietos, amantes y curiosos por su país, su gente y su cultura, y alegres como para ponerse a bailar sin importar nada, chacareras, zambas, carnavalitos o lo que se ofrezca ahí, en medio de la plaza.
Por los alrededores de la plaza también surgen sonidos de peñas en patios o en las mismas calles, bajo los cielos estrellados de Amaicha.
Y de los provisorios hornos de barro, asadores, cacerolas de hierro fundido, emanan los aromas. La noche anterior, con la excusa de entretener el estómago hasta que la doña del puestito nos calentara bien los tamales y las humitas en chala, me había engullido varias empanadas tucumanas. Pero a su vez, éstas se convirtieron en la excusa perfecta para elegir con qué regarlas: una botella de vino tinto patero artesanal. No fue fácil la selección. Se hizo indispensable hacer una interminable cata de licores entre varios puestos de la plaza: mistela, torrontés de altura, licor de muña muña (hierba también conocida como el Viagra de la Puna), licor de uva, de algarroba, de miel. Incluso hubo que repetir toda la degustación varias veces.
El desenlace fue una pausa estratégica, tirados panza arriba sobre el césped de la plaza, mientras la gente saltaba, bailaba, se divertía en derredor.
Pero eso había sido la noche anterior. Para esta noche, en Amaicha del Valle, sentadito, bien cómodo en alguna de las mesas de chapa o madera, y sillas todas distintas, cantinas provisorias que arman los lugareños en plena calle, concretaré esa idea que preocupa hondamente mi corazón y mi espíritu:
Entrarle a cucharazo limpio, a un plato hondo rebosante de locro, humita, o huascha locro, con una manchita flotante en el medio de salsa picante y cebolla de verdeo.
Víctor Gómez
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A diferencia de la desertificación de la cordillera chilena, como resultado del accionar de la megaminería extranjera permitida desde la dictadura pinochetista, el lado argentino cordillerano está pleno de comunidades sustentadas a base de emprendimientos agrícolas y turísticos ejemplares y en crecimiento. Y lo serían aún más si tuvieran un mínimo apoyo de los gobiernos. Estos, a contrapelo de la sabia elección de estas poblaciones, insisten en darle oportunidad a empresas extranjeras megamineras seriamente comprometidas con la justicia en otros países y en el nuestro inclusive.
El 1º de marzo, ayudemos a las “Mujeres del Silencio” de Andalgalá, a gritar lo que no pueden expresar en su pueblo, sin sufrir represión, arrestos, golpes por parte de Gendarmería, fuerzas policiales provinciales y privadas contratadas por las empresas mineras. No se rinden. Todos los miércoles marchan por la vida y el agua, con la boca vendada y las manos atadas.
El 1º de marzo a las 19 hs., desde Plaza Pringles hasta el Monumento, marchemos por las consignas:
“Aplicación de las leyes “antiminería a cielo abierto”, y de protección de las reservas acuíferas”
“No a la represión de los manifestantes de los pueblos cordilleranos”
“Mantenimiento y profundización de economías sustentables”
Víctor Gómez
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