26 abril 2009

¡Precaución! ¡Peligro! ¡Pequeños perversos polimorfos construyendo subjetividad en las cercanías!

Lo breve, lo simple, lo fugaz que reparte un pibe mientras construye su pensamiento, es lo que imprime belleza en cualquier taller, aula, salón educativo. Si no lo sabés descubrir y disfrutar, y seguís manteniendo mala onda, está claro, te dedicaste a la docencia por la frustración de no poder hacer otra carrera o solo por tener un ingreso económico.

Aunque tienen algo de intransferible, aquí van algunos de esos momentos.

- Profe, ¡tiene un agujerito ahí arriba, en la cabeza! ¡Le falta el pelo! ¿Siempre tuvo ese agujero? ¡¿Hace cuanto que lo tiene?!-...Y sigue, dale que dale con el agujero...
Cony, 10 años. Taller de arte.

Seba toma un hierro curvado con forma de U de entre las cajas de materiales:
- Profe, ¿esta es una cerradura de caballo? ¿Por qué tenés una cerradura de caballo?
Seba, 6 años. Taller de arte.

- ¡Voy a construir un “barco frictórico”!- anuncia Mateo.
- Perdón, Mateo. No te escuché bien...
- Un “barco frictórico”...
- ¿Un qué...?
- ¡Un “barco frictórico”!- repite Mateo ya ofuscado- No me digas Profe que no sabés lo que es un “barco frictórico”.
- No, ni idea- le respondí aunque asociaba esa extraña palabra con “prehistórico” o “frigorífico”. Por la respuesta de Mateo, algo de eso había:
- ¡Uuuh! ¡Es una cosa que lleva tantos dinosaurios!
Mateo, 5 años, Taller de arte.

- Mi papá tiene la lengua chiquitita- anuncia Cata.
- Bueno, chicos, no cuenten cosas de los papás...
Al rato, se les explica que deben agregar talco sobre la hoja, para que la técnica del día funcione.
- ¡El talco es lo que se pone mi papá en los huevitos!- insiste Cata.
- ¡¿Qué huevitos?!- pregunta otra nena.
- Son las pelotitas que están al lado del pito- explica Cata y ambas siguen trabajando tranquilamente.
Cata, 5 años. Taller de arte.
En la fuente del parque Urquiza, los alumnos del taller están haciendo flotar y jugando con los hermosos barcos de formas extrañas y multicolores que habían hecho ellos mismos, con telgopor reciclado. Alucinados, se acercan otros pibes que pasaban ocasionalmente.
- ¡Qué bueno que está! ¿me lo prestás?- le pregunta uno de ellos a Juani, señalándole su barquito, pero queda atónito, sin reflejos, con la respuesta. Juani, sin mirarlo, contesta con sequedad:
- ¡No! ¡Es un arte!
Juani, 4 años, Taller de arte.

- ¡Cata, no!- intento frenarla. Siendo una nena de cuatro añitos, no entiendo su facilidad para colocar clavos a martillazos por todos lados. En la mesa, en los bancos, en cualquier madera... Cata aprovecha mis descuidos para poner clavos en los lugares más insólitos. Estos quedan ahí, semienterrados, sin sentido.
Cuando me ve maniobrando con la caladora eléctrica, no puede evitar intentar acercarse y experimentar:
- ¿Me cortás el chupetín con esa máquina?- insiste. Pero Mateo se adelante:
- No se puede. El chupetín se resbala.
Mateo, 5 años. Taller de arte.

- ¡Hacer arte es el deporte que más me gusta!
Blas, 6 años. Taller de arte.
- Seba, tenés que esperar un rato antes de unir las maderitas con cemento- explico.
- ¿Cuántos ratos?- me pregunta.
- Un solo rato, cinco minutos.
- ¡Ah!-, y luego le explica a una compañerita: -¡Tenés que esperar como cinco ratos!
Seba, 6 años. Taller de arte.

Por una reciente operación de implante dental, yo lucía un tremendo flemón en la mejilla derecha. Muriel me sugiere:
- Papi, te podés poner un palito que asome por la boca, así disimulás, porque todos van a creer que tenés un chupetín.
Muriel, a los 6 años, en mi casa.

- En la clase de inglés hay como tres chicos que gustan de mí, y ahora entró un chico nuevo que seguro que pronto va a gustar.
Muriel, mi hija, diez años.