Manías peligrosas
Diversas manías, conductas patológicas o, simplemente, locuras de pibe, se despliegan durante la clase en un taller de arte. La mayoría son inocentes y hasta cómicas, pero algunas entrañan peligro para sus autores o circunstanciales vecinos.
Podemos clasificar varias de ellas, intentando aportar conocimientos prácticos que difícilmente se adquieran en una clase de pedagogía:
El remolón: solo se interesa por cualquier actividad en la que no necesite levantar o mover ni un brazo, ni una mano, ni un dedo. Como es algo imposible, a los dos segundos de iniciar un trabajo gritará a los cuatro vientos su frase preferida: “Seño, ¿me lo hacés?” Y aunque se le explique que solo basta con hacer un rayón, una línea cualquiera, contestará su excusa preferida: “Pero no me sale...”
El negativo: ninguna propuesta le cae bien. Cree que tener esa postura negativa lo hace parecer inteligente. Pero así termina por no disfrutar de nada. Su frase preferida: “Pero esto no me gusta...”
También la postura puede ser hacia sí mismo. No le gusta nada de lo que hace aunque no alcance a hacer nada. “Pero no me sale” es otra de sus frases más recurrentes.
El paseandero: esta donde no están los demás. Deja el lugar vacío, el trabajo a medio hacer y hay que rastrearlo por todos lados. Generalmente se pierden las piezas que hubiere hecho o encontrado o los dibujos, y encima se enoja. Para comentar una propuesta al inicio de la clase siempre hay que convencerlo de que se acerque al grupo, ya cansado de tanta demora.
El investigador: Niño despierto, entusiasta, gusta explorar y descubrir. Pero, ¿porque no deja las cosas como las encontró? Tras su paso van quedando cajas y libros abiertos, objetos salidos o directamente fuera de su lugar. Todo le llama la atención, lo toma, y lo deja ahí, sin orden. Que alguien acomode. Él seguirá investigando.
A veces el paseandero se combina con el investigador. Ambas manías en un solo niño, es una formula explosiva.
El guerrero o soldado: para él cualquier trozo de madera o metal es una pistola, escopeta, lanza, o lanzador de rayos destructores. Apunta al resto de los compañeros haciendo sonidos de explosión con la boca. A veces se pone a ensayar golpes de artes marciales. Es inofensivo mientras mantenga la idea de “juego”.
El golpeador: es el que contesta a cualquier chiste, broma, mirada, sonrisa, o nada, con una piña. Le cuesta “jugar” al soldado o guerrero sin infringir daño en serio.
El equilibrista: se aburre de estar firme sobre la tierra. Nunca usa banquetas y sillas en las posiciones para las que fueron diseñadas. Necesita explorar los límites de las patas de la silla flotando en el aire, vivir el vértigo del cuerpo hamacándose hasta equilibrios mortales. Siempre termina igual: aplastando el pie de algún compañero o desparramado redondamente sobre el piso.
El revoleador: mientras se mantenga con las manos vacías, apenas es un peligro en potencia. Pero si accede a tomar algo, el atentado será inevitable. Casi inconcientemente, cualquier palo, soga, cable, alambre, caño que acerque a sus dedos lo hará cruzar por el aire en forma de círculos o latigazos. Los que están cerca huirán para no perder un ojo.
El acaparador: lo que sea tiene que ser de su posesión. Si se disponen fibrones sobre la mesa, toma varios aunque solo pueda usar uno a la vez. Si se trata de elegir piezas de madera o chapa, toma todas, por si las dudas. “Todo esto elegí yo”, “Guardame todo para la clase que viene Profe”, “Que nadie me lo toque” son sus frases preferidas mientras señala una montaña de cosas.
El mandón: exige, no pide. Ordena, no solicita. Sus modos son del estilo de: “¡Ey, alcanzame eso!, ¡Terminámelo vos! ¡ Profe, vení para acá! ¡Correte!”
Al principio, resulta cómico. Enseguida se vuelve insoportable. Es imprescindible entonces, explicarle normas de respeto y convivencia.
El monotemático: realiza cualquier dibujo, pintura, cerámica, grabado o propuesta plástica, con el mismo motivo, tema o idea de siempre. De nada sirven otras sugerencias. Seguirá terco con su imagen preferida. Ejemplo: “Pero yo quiero hacer otro perrito. A mí me gustan los perritos”.
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