29 agosto 2008

El "Sucio Larry "y la polvareda

Neblinas terrosas. Los 30 km siguientes a Marcos Juárez parecen eternos asfixiados por la sorpresiva nocturnidad marrón. No existe otro color. Los autos circulan a baja velocidad y con todas las luces encendidas, incluso las balizas. Como fantasmas, surgen y desaparecen de la parda atmósfera de polvo. Sin embargo, sabemos que fuera de ella, en alguna parte, el día está soleado. Seis meses de sequía, la reciente trilla de la soja avanzando como una peste por los rincones más extraños y un viento constante están provocando este fenómeno propio de los desiertos y de la literatura de aventuras: aquella famosa tormenta de arena es hoy nuestra tormenta de polvo. La Tierra avisa...

Ya llegado a Villa María, el viento y la polvareda persisten. Mientras estoy acoplando los caños que arman mi puesto de venta, una voz familiar exclama desde atrás:

-¡Le ojeteaste lindo con el lugar del puesto!- Es el Sucio Larry, quien otra vez coincide trabajando con sus tatuajes próximo a mí.
Le pido varias veces que me repita la frase porque no la comprendo. Creo no estar escuchando bien. Finalmente le aclaro-Perdoname Larry, no te entiendo ¿que me querés decir? ¿Algo relacionado con el mal de ojo, la ojeadura?

- No, boludo- me informa- le “ojeteaste”, de ojete, culo, orto. Que tuviste un ojete bárbaro en conseguir ese lugar, al reparo del viento, soleado encima.
Yo casi no le escucho, impresionado al verlo con el pelo corto. No tiene más esa maraña de largos resortes a los cuatro vientos. En cambio, luce una masa cilíndrica de pelos, dura, compacta, semejante a un gorro cosaco.
-Loco, ¿Que te pasó? Cambiaste el look-
-Fue por depresión. Estuve 20 días seguidos en casa y eso me deprimió. Me tiró abajo. Y no va que entonces la “Gorda” me manda a que me vaya a comprar una crema de enjuague, que me veía el pelo hecho un quilombo. Y yo enfilé directamente para la peluquería. Entonces volví y le dije a la “Gorda”

- ¡Tomá, ahí tenés, ya no necesito ni crema de enjuague ni una mierda!