La capital de la Yerba Mate
Apóstoles sería mucho más pequeño si no fuera por sus gigantescos bulevares. Estos surcan la pequeña ciudad misionera atravesándola varias veces en rectas, diagonales y perímetro. Cada bulevar tiene un cantero central de no menos de 30 metros de ancho y alberga dos o tres hileras de altos y anchísimos árboles, selváticas plantas y juegos infantiles. Caminar por Apóstoles es sentir todo tipo de olores y fragancias de acuerdo al andar y a las variaciones del viento.
Tan exagerados como los bulevares son los jardincitos de las casas. Los muros de los patios que dan a la calle revientan en grietas por la fuerza de las porciones de selva que contienen adentro. Nada de florcitas y pastito, rebosan de altos árboles apretujados entre plantas de hojas anchas, cañaverales y lianas. No sería extraño que contengan monos y algún que otro rinoceronte o tigre de Bengala.
Sorprende en Apóstoles la cantidad de monumentos de todo tipo: "A la Yerba Mate", "Al Gaucho", "A los Inmigrantes", "A los Ucranianos", "A los Inmigrantes Ucranianos"...y por supuesto, el infaltable "A San Martín". Y bueno, éste tenía que ser palabra mayor. Es un impresionante grupo escultórico de varias figuras de tamaño natural, entre las que se destaca la de una mujer, alegórica de alguna cosa, pero que no deja lugar a la reflexión por culpa de sus hermosas tetas al descubierto. Es evidente que el autor de la obra se esmeró bastante en ese detalle.
También hay un homenaje a un poeta ruso, un tal Chervchenko o algo así, que quién sabe cómo fue a dar con sus huesos a Apóstoles. Seguramente fue por la intervención o algún empujoncito de Stalin. En la tórrida tarde misionera, causa impacto la imagen de yeso por su gorro cosaco y tapado de piel de oso, como si estuviera en plena Siberia.
En cuanto a la población, hay tres fisonomías bien típicas: la rubia gringa opulenta, la negra o mulata y la guaraní de nariz chata y párpados inflamados como los boxeadores. Con cualquiera de estos rasgos, la diferencia entre hombres y mujeres, aparte del sexo, es que las mujeres son hermosísimas y los hombres horripilantes. Es así que en Apóstoles la "ley del embudo" se cumple como si tuviera rango constitucional, generando gran interrogación y envidia en el visitante.
En un ómnibus, almacén o bar del pueblo, se pueden oír charlas entrecortadas principalmente en castellano, guaraní o ucraniano, sólo que ninguno de estos idiomas se alcanza a hablar correctamente. Así es este lugar, Capital Nacional de la Yerba Mate.
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