07 marzo 2006

La Pampa

   Pocas veces viví tanto pavor y angustia como cruzando la Pampa. La famosa “Llanura pampeana”, lisa y calma, es sólo un viejo retrato de los relatos gauchescos. Actualmente, todo el territorio está socavado por la acción erosiva de sequías e inundaciones alternadas.
   A hectáreas completas de pastizales secos quemándose y disminuyendo el oxígeno y la visibilidad en la ruta, se intercalan zanjas y lagunas que ante la menor llovizna se agigantan como mares. Infinitos campos, antes orgullosamente cultivables y aptos para el ganado, son ahora desiertos o esteros, pantanales y refugio de patos, aves zancudas y mosquitos.
   En desigual lucha, obreros de “Vialidad...” tratan de mantener las vías de transporte, cubriendo con toneladas de tierra aquellos tramos de ruta salpicados de intimidantes cráteres o directamente bajo el agua. Cuando la acción es infructuosa se fabrican desvíos a la nada en improvisados y aún más frágiles caminos de tierra o barro.
   En ocasiones, cruzar La Pampa puede tornarse una aventura.
   Particularmente infestado de mosquitos y otros insectos están estos 15 Km. entre Larronde y Banderaló, por la Ruta Nac. N° 188. En segundos los parabrisas se opacan por una gruesa capa de insectos reventados en la arremetida del automóvil, al punto de tornar imposible proseguir el viaje. Esto es la maldición de los pobres playeros de los surtidores cercanos, que no terminan nunca de limpiar el difícil y pegajoso empaste con el que llegan los vidrios de cada auto, uno a uno...
   Para las dos de la madrugada, por suerte, ya superamos el “tramo de los bichos”. Ahora se presenta otro en el que directamente no se ve tierra firme hacia los costados y la sensación de mar es apabullante.
   La presencia de una casilla de “Vialidad...” suena a advertencia, pero está cerrada y no hay nadie señalando peligro. Estarán durmiendo. Prosigo la marcha aunque el agua comienza a ocultar el asfalto con impresionante rapidez. Diría que la ruta es ahora una fina represa surcada por caudales de agua buscando nivelar los dos océanos laterales.
   Al frente, a unos 3 Km. viene un ómnibus de esos altísimos. Extrañamente apaga los faros. En realidad estos habían sido ocultados superados por el nivel de agua, pero eso lo advierto al cruzarnos, quizás demasiado tarde.
   Lo mismo sucede con mis propios faros. Perdí el horizonte. Todo es negro. Sólo débiles destellos se dejan ver ocasionados por el reflejo de las aguas revueltas por mi vehículo y la correntada.
   Cierta vez me comentaron que los motores a gasoil como el de mi camioneta tipo combi o minibús, no son afectados por el agua y pueden seguir en marcha sin problemas.
   Mala oportunidad para hacer la prueba. Esta vez estoy viajando con mi esposa e hija, a la sazón, con tres añitos. Ambas duermen atrás.
   Al presentir -más que ver- el agua a la altura del parabrisas, verifico que todos los vidrios estén cerrados.
   Detenerme o retroceder es permitir que la fuerza del agua dirija mi vehículo a su antojo. La zozobra se patentiza cuando la oscuridad llega a su extremo. ¡¿Qué pasó con aquellos destellos?!
   Ahora sí conduzco a tientas, limitándome tan sólo a mantener el volante en un virtual rumbo recto. En esta única certeza me apoyo en medio de estas tinieblas, cuando hilitos de agua fluyen por entre las aberturas.
   Mi hija abre los ojos y señalando hacia arriba dice ver la "pancita y las patitas de un pato". Se vuelve a dormir.
   Aquella graciosa imagen me distrae por un momento de mi pánico. Nunca podríamos estar tan sumergidos como para ver un pato flotando en la superficie del agua,... pero desde abajo...
   Pensando esto, transcurren interminables segundos tras los cuales creo distinguir el agua a la mitad de la camioneta nuevamente...Y como la Luz Divina de un barco salvador ansiosamente anhelado por desesperados náufragos, reaparece la de los faros de mi camioneta, iluminando maravillosamente los 200 m que aún restan hasta la reaparición del asfalto.
   Al asomarse la débil claridad de la madrugada pampeana, y ya recorridos unos 250 Km. de aquella experiencia acuática, sintonizo una radio local anunciando un desvío para evitar aquel tramo sorteado hace un par de horas, ahora definitivamente cortado a la circulación por empleados de Vialidad...