28 marzo 2006

De frutas y dinosaurios

   Dedicado en su cumpleaños a Adrián, un amigo desde aquellos años tan locos del "Big bang".

   Cien Km antes de San Rafael de Mendoza, el paisaje desértico cede imprevistamente a la irrupción de verdes campos de ciruelos, durazneros, damascos, olivos y viñedos, segmentados en raros cuadriláteros por acequias e hileras de álamos piramidales verdes y plateados. Hermosas casas de distintos estilos, con prominencia de las coloniales y recicladas, custodian cada finca, además de la celeste muralla de fondo, la Cordillera de los Andes.
   Todos los caminos están a la sombra de arbóreos túneles. Un cielorraso de ramas y hojas roza continuamente el techo del ómnibus.
   A Bowen, donde hoy se realiza el "Festival de la Ciruela", le sucede Villa Atuel, Capital de la Aceituna. Antiguas bodegas, galpones acopiadores y secaderos demandan productos desde simples carteles: "Compro durazno", "Compro uva", "Compro damasco" o el inquietante "Compro caballo a pasto" (¿).
   Apenas uno desciende en la Terminal de ómnibus de San Rafael, percibe alegría en los rostros de la gente. Tal vez el motivo no sea la fuerza productiva de la región. En estos momentos hay varias zonas prósperas en el país. La diferencia, creo, estriba simplemente en la mejor distribución de la riqueza. En San Rafael no hay latifundios. Todo son pequeñas fincas, pequeños productores, quienes gozarán los beneficios de una buena cosecha.
   Todos los pueblitos cercanos lucen florecientes. La gente no se va. Cuida su "campito", y en él instala una hermosa casa para radicarse definitivamente.
   Sólo les temen al granizo y a la "mosca de los frutos". Al primero lo combaten desarmando las nubes con aviones o cubriendo los cultivos con mallas y tejidos de alambre. El granizo golpea bastante, a juzgar por los refugios antigranizo que cruzamos en la ruta.
   A la "mosca de los frutos" la combaten con un erótico método. También desde aviones, arrojan millones de moscas machos estériles. Como la "mosca de los frutos" limita tristemente su sexualidad apareándose una sola vez en la vida, si le toca en suerte uno de estos machos de probeta pero de inverso objetivo, la reproducción no se concreta.
   El encuentro de motos es en Valle Grande, a 5 Km de San Rafael.
   A unos metros, una jovencita charla con un motoquero, tal vez demasiado viejo para ella, y calza un ajustadísimo jean con tres prolijos y convenientes tajos, tanto como para dejar al descubierto una dura y redonda nalga izquierda y un tatuaje. Nadie se cree su inocente y perdida mirada que parece decir:
   - Y, se me rompió el vaquero justo ahí. ¿Qué le voy a hacer? ¿Por qué, cuál es el problema?.
   Las mujeres parecen parte del "adorno" de los motoqueros. Una pieza más de su estética. Así parece subrayarlo el bestia de la "Urraca", al gritarle a una chica:
   - ¡ Vení, nena, que acá está el tío con el chupete! - y animado por las risas agrega: -¡Y si no quiere el chupete, que me chupe un huevo!.
   Sin embargo, en un principio, siento cierta hermandad con los motoqueros. Tal vez esa mítica cultura de hombres solitarios a propósito. Esta reunión suena a "retiro espiritual" de calmos vaqueros buscando reponerse de angustiantes soledades y recuperar su idiosincrasia de machos a la antigua.
   Al segundo día, estoy harto de tantos boludos.
   Uno de ellos es Juan, el Pelado. Además de motoquero, pinta tanques de moto y cascos con aerógrafo. Le pregunto por su famosa moto estilo "Hombre Araña".
   -Ya fue- me contesta -le agregué un sidecar, la pinté de negro, y le estoy modificando detalles y figuras para transformarla en la moto de Batman y Robin.
   El Urraca me señala cuatro bolsas de arpillera de esas de papas, pero rebosantes de ciruelas, duraznos y peras dulcísimos.
   - ¡ Agarrá lo que quieras! Las juntamos ayer en una finca. Las peras estaban taponando la acequia. ¡Acá la fruta es "free", loco!- Como para que la gente no esté contenta. Me cuenta que la noche anterior habían hecho una guerra de duraznazos.
   Entre algunos motoqueros y puesteros se arma una mesa de charlas, asados, vino, cerveza, tallarines, fruta, y desayunos de mate cocido y bizcochos, que durará los dos días del encuentro. "Culiáu" de aquí, y "huevón" de allá, matizan cada frase, sumando palabras de distinto sonido y acento como: poio, moieja, iuvia. Barroluco es el completo de lomito.
   - ¡¿Te enteraste culiáu, del suelazo que se pegaron dos huevones?! - dándome a entender por "suelazo" al clásico accidente infaltable de cada motoencuentro.
   Por micrófono, alguien informa:
   - ¡ Hey, manga de huevones, dejen de chupar y escuchen! ¡Sobre el suelazo de hoy, sabemos que iá está todo bien! ¡Al vago le dan de alta en 5 días y a la mina, iá mismo la están operando del párpado que lo tenía colgando sobre el ojo! ¡Así que tranquilos, que iá está todo bien. Repito. Iá está todo bien! -
   El dudosamente tranquilizador anuncio es saludado por bocinazos y aceleradas de motos y se anima el asado en nuestra mesa. El "Urraca" trae unas morcillas demasiado jugosas. Le gritan
   - ¡ Pero culiáu, esa morciia es pa' comer con bombiia!.
   Se suceden las anécdotas. Me entero de una esquizofrénica historia. En un motoencuentro en La Rioja, la agrupación Asfalto Puntano, de San Luis, había logrado atrapar al "chancho enjabonado", uno de las competencias en estas reuniones. El porcino lucía tan vistoso, blanco con una franja oscura cruzando el lomo verticalmente y círculos negros en los ojos y más aún, al lavarlo con jabón y champú, que decidieron adoptarlo como mascota de la agrupación y bautizarlo "Asfaltito".
   En San Luis se les hizo complicado seguir manteniendo a Asfaltito. Este engullía como un cerdo, y había engordado de manera interesante. Decidieron entonces comérselo. El más tarado de la agrupación, todos los días se acercaba al animal golpeando una cuchilla contra el piso y le prevenía: "¡ Preparate Asfaltito, que mañana te carneamos!" Una mañana, Asfaltito amaneció muerto, sin llegar a determinarse si fue por una helada nocturna, o de susto...
   Como siempre, me voy rápidamente y sin despedirme, salvo algún que otro saludo lejano. En estos encuentros las despedidas fácilmente se transforman en extensas ceremonias de besos y abrazos con cientos de efusivos hombres barbudos, sudorosos, con halitosis.
   - Son dinosaurios- pienso en el Chevallier - casi tanto como yo.
   A pesar de la noche, el aguacero, y los vidrios empañados, alcanzo a ver el cartel carretero anunciando la proximidad de "Nueva Galia" y "Arizona" a 100 kms. En un parador solitario entre estas localidades se detiene el ómnibus para que el pasaje cene a cargo de la empresa. El lugar se denomina "The Golden Palace", como reza el logo en los vasos de vidrio. En realidad es un casino pero con escasos apostadores. Ansiosos crupiers no paran de observarnos mientras cenamos entre mesas de black jack, ruleta, póker y máquinas tragamonedas.
   En el baño, artificioso y brillante como todo el lugar, un tipo está dándole golpes y apretujones al grifo del lavabo para tratar de cerrarlo. Probablemente, nunca vio un mecanismo de cierre automático. Cansado y perplejo, el hombre mira aquella canilla tan rebelde rascándose la cabeza y es cuando el caudal de agua se corta por sí solo...