03 febrero 2006

Querida Globa

   Era buen negocio tener un puesto de camperas de cuero en la "Globa de los artesanos" de San Martín de los Andes, armada para las vacaciones de invierno. Pero era imposible durante todo ese mes de lluvia, nieve y 5º bajo cero de temperatura, no terminar en esa carpa gigante sin haber sufrido alguna enfermedad respiratoria. Durante todo el día se sentía el concierto de estornudos, toses, resoplidos y sonadas de nariz.
   Al lado mío había dos viejos que hacían cuchillos artesanales. A la primera semana uno atendió el puesto mientras el otro estaba internado en el hospital con neumonía. A la semana siguiente éste fue a la feria, y aquél al hospital. A la tercer semana no vino ninguno.
   Para colmo, mientras los copos de nieve golpeaban la lona por fuera, por dentro circulaba el mate como nunca, y nadie parecía oponerse al contagio masivo.
   Peor aún estaban los artesanos "rebeldes". Estos eran los que no habían querido "transar" con el Municipio y armaron sus puestos al "aire libre". Para ellos, entrar cada tanto en la antártica "globa", significaba venir a "calentarse" un poco.
   Lucho, el que pintaba azulejos con las manos hacía su entrada gordo con tanta ropa encima y húmeda de nieve. Con sus dedos de todos colores hacía restallar los mocos contra el piso para luego palpar mis camperas mas claras y delicadas y decirme: "Che, que buena piel". La esposa era una chilena veinte años mayor que él, y criaban cinco chicos, de los cuales tres eran del matrimonio anterior de la chilena con otro que casualmente, también hacía dígitopintura.
   La oferta de la feria era muy variada: productores de dulce de frutilla, rosa mosqueta, ciervo en escabeche, hongos, ropa pintada, chales tejidos en telar, mates forrados en cuero, adornos de frutas disecadas, sahumerios, velas, bijouterie, aros de semillas secas de Centroamérica, y hasta había uno que fabricaba boomerangs de distintas formas. El productor de licores era el que mejor se bancaba el frío, a fuerza de consumir su propia mercadería.
   Pero la mayoría de los artesanos eran talladores de madera de origen mapuche. Churruhinca, Sayhueque, Loncón... Cada apellido mapuche indica a su vez la comunidad de pertenencia. Por ejemplo, Sandro Currumil venía de la comunidad Currumil, poblado de mil almas, todas con el mismo apellido derivado del cacique que alguna vez los comandó: Currumil. Eso debe ser como cuando para las elecciones me encuentro en mi mesa de votación con 300 Gómez juntos.
   A las 6 de la tarde, luego del cierre de las pistas de esquí, entraban los turistas en malón a la "globa". Era interesante descubrir que los verdaderos practicantes del esquí vestían ropas comunes y cómodas, a diferencia de los turistas porteños, que llegaban "disfrazados" de esquiadores, e incluso, aunque carecía totalmente de sentido, con las pesadas botas de esquí puestas.
   Esta costumbre es muy porteña, y por extensión, argentina. Llegar a Brasil y pretender parecer mas brasileño que los mismos brasileños, o ir al África y vestirse de zulú. El resultado siempre es el mismo: el ridículo total.
   Pero eran los mejores clientes. Bien que los feriantes nos frotábamos las manos con las noticias de cuántos aviones iban aterrizando cada día. Mientras tanto, en el hospital, aumentaban la provisión de vendas para las fracturas y contusiones de los nuevos aspirantes del esquí.
   Mi mejor día fue cuando decidí no trabajar para llevarlo a Sandro Currumil, delegado de su comunidad, a Junín de los Andes, a un "Trahún" o "encuentro"de comunidades mapuches. Pude comprobar la fuerza y vivacidad de todo un movimiento de reivindicación étnica, con publicaciones, proyectos de lucha, defensor de la tierra y del ecosistema, en una provincia donde el 25 % de la población tiene sangre indígena.
   En este "Trahún", la producción artesanal era igual de impresionante, sobre todo los tapices y "caminos" hechos en telar, con formas geométricas complejísimas, que no perdían simetría, fruto de meses de trabajo.
   Mi día más cálido, fue cuando se hizo el asado de cierre de temporada entre los artesanos. Fue en la misma "globa" en la que tanto nos congelamos y tanto compartimos...