10 octubre 2005

Educación con E mayúscula

   Dedicado a mi madre, abuela y tía, educadoras

   Creo que debo desistir de ser el ídolo o fascinación para alguna mujer de estos tiempos. Pero a lo mejor, con mi hija de seis años, aún puedo hacer algo al respecto.
   Lógicamente, las técnicas y motivos de admiración que debo implementar son muy distintos en orden a su edad y nuestra relación de parentesco.
   Ya hace bastante tiempo, funcionó satisfactoriamente el rellenar mi boca con aire para que ella presione mis mofletes inflados.
   Ahora en cambio, logré su atención al reactivar desde mi memoria, mi antigua habilidad para abrir y cerrar las fosas nasales. Su valoración con respecto a mí aumentó aún más, cuando comprobó mi capacidad para mover las orejas con el rostro absolutamente inmóvil. Y ni hablar de cuando le pasé mi estrategia, tan secreta como infalible, para ganar siempre al Ta-te-ti.
   La cautivaré próximamente produciendo simpáticos sonidos pedorreicos, al apretar una mano bajo el brazo y axila contrarios, pero esto me llevará algún tiempo de ensayo. Para esos tiempos difíciles que requieran de un padre que ejerza mayor autoridad, la sorprenderé con mi extraordinaria capacidad para emitir eructos a mi voluntad, incluso pronunciando palabras cortas como "hola" o las letras del abecedario.
   Trataré de reservarme para más adelante, el impresionarla con mi maravillosa destreza para dar en cualquier blanco y a distancias récord, con aerodinámicos y certeros escupitajos.
   Finalmente, tantos años de niño andante por esas calles de Paraná, anegando grietas, pocitos, piedras y hasta blancos móviles como casuales insectos con salivales proyectiles, tanto forzar mis glándulas bucales y tanto aprovechamiento de mis mucosidades laríngeas, resultado de mis permanentes sinusitis infantiles, todo tendrá un destino positivo: colaborar en mi decisión de proveerle una educación sana a mi hija.
   Ella estará tan orgullosa de las habilidades de su padre, que me presentará y exhibirá ante sus amistades, con lo que yo podré comprobar en esas etapas de mayor conflicto en su crecimiento, con qué clase de compañías se rodea. No quisiera que se junte con cualquier loquito suelto...